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[Edición #566 | 14.04.2008]
Región Metropolitana Norte | La prensa regional, reservorio de la libre expresión

Gil, son los negocios, no la libertad de prensa

Últimamente estamos asistiendo a una serie de gestos y actitudes políticas y periodísticas que intentan imponer en el centro de la escena, a la mentada libertad de prensa y de expresión. Un debate limitado, el cual la población ausculta con cierto desdén. Pareciera un verdadero juego de sordos, en el que cada sector intenta sacar ventaja, imponiendo condiciones. Y en el medio, la población que no termina de digerir y comprender lo que sucede. La puja es muy grande y los intereses comerciales más aún. Difícilmente se pueda hablar de libertad de prensa, si la población es la convidada de piedra. Por eso resulta incongruente hablar de la libertad de prensa, argumentando que la censura publicitaria condiciona la labor periodística. O bien que las presiones del gobierno endican el trabajo periodístico. Ayer fue el diario Perfil, ahora resulta que el oligopólico grupo Clarín se siente perseguido. Pero lo cierto es que desde hace muchos años, la Argentina disfruta de una amplia libertad de prensa y de expresión, que sólo se ve limitada por la propia responsabilidad de la empresa periodística. Así de claro.Son las empresas las que permiten o no, transparentar el acceso informativo a la población. Difícilmente un periodista logre escribir o decir lo que sabe y quiere, si antes no pasa el tamiz de los dueños. Algunos lo definen como Código de Ética Periodística. Censura nunca. Ésta vale cuando se la imponen, no cuando ellas –las empresas periodísticas- la llevan a cabo. Cuando el diario Clarín calla que Papel Prensa contamina, tal cual denunciara el diario Crítica de la Argentina, no es casual. Clarín es parte de la empresa, por lo tanto, de eso no se habla. Y no deja que sus periodistas lo hagan. Y tampoco se habla sobre los hijos de la dueña del Grupo Clarín: los habría adoptado de manera ilegal en pleno proceso militar. Por este motivo fue detenida en el 2002. Su detención fue tratada como un cercenamiento a la libertad de prensa. También calló cuando desde distintas esferas nacionales, Néstor Kirchner le otorgaba el “beneficio” de controlar cuasi monopólicamente, Multicanal y Cablevisión. El silencio cuasi mafioso o coorporativo de casi la totalidad de los medios capitalinos, también fue llamativo. ¡Si hasta el suplemento zonal de Vicente López silencia todo, cuando el imputado Enrique García es llevado a juicio oral!. Primero fue Menem que le facilitó a Clarín y a otros grupos capitalinos menores, el camino al control mediático al permitirles tener medios radiales, televisivos y gráficos bajo su órbita. Duhalde también los benefició con una ley que definía a los medios de comunicación como bienes culturales. Son el cuarto poder, y lo pretenden ejercer como si fueran el primero. Peligroso en cualquier república seria.Detrás de todos estos cruces, donde los yerros oficiales abundan, subyace una pelea de fondo seria. La cuestión no sería otra que el control comercial de la televisión digital. La bronca habría partido cuando Néstor Kirchner sentó en la mesa de la Quinta de Olivos, al empresario mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo. La disputa no era por un mero canapé o choripán. No, ¡que mierda!. Parafraseando a Bill Clinton, podríamos decir: Gil, son los negocios, no la libertad de prensa. Mientras que Clarín pretendería el control absoluto del negocio de la TV digital, el gobierno abría el negocio a otros sectores empresariales, entre ellos al del mexicano. También entró a jugar el empresario Alberto Pierri con su Telecentro. Que los gobiernos siempre han intentado condicionar a la prensa, no es ninguna novedad. Bastaría recorrer nuestra historia - o la de otros países- para corroborar esta premisa. “Se puede gobernar sin los medios, pero no con ellos en contra”, reza un viejo principio popular que cada dìa cobra más vigencia en todo el mundo.Desde la misma fundación del Telégrafo Mercantil (1801), pasando por La Gaceta de Buenos Aires, El Nacional, Los Debates, El Porteño o bien el Federal, el periodismo se comprometió y se jugó, por lo que cada uno de ellos consideraba causas nobles. Y no es menos cierto que muchos de los medios informativos actuaban -y actúan- como voceros de sectores políticos o corporativos. Y no está mal que lo hagan, en tanto y en cuanto se sinceren ante sus lectores. No pasa por la objetividad, sino por la honestidad con la que se abordan los temas. Seguramente M. Moreno, Manuel Belgrano, R. Walsh o A. Conti, todos víctimas de la intolerancia y soberbia, no especularon a la hora de jugarse por la búsqueda de la verdad. Salieron a la palestra (cada uno a su modo), con la honestidad profesional que la situación ameritaba. Ellos marcaron que la búsqueda de la verdad es un camino sin retorno. Se jugaron por sus convicciones. Nadie les abrió la puerta cuando la verdad estaba en sus narices. Simplemente la empujaron, sin especulación. Hoy muchos siguen su ejemplo, otros, reiteramos, bajo la excusa de la libertad de prensa y de expresión, intentan hacernos creer que ésta está determinada, entre cosas, por una pauta publicitaria oficial. Pero no hablan de la que otorga -y condiciona- el sector privado. ¡Qué extraño!. Nuestra lucha, la de la prensa local –y la de la comunidad en su conjunto- deberá seguir transitando los andariveles del libre acceso a la información. E insistir, sin hipocresía y dobles discursos, por una Ley nacional de libre acceso a la información. No es ninguna novedad que la gran mayoría de los denominados medios capitalinos prioriza la facturación sobre otros valores. Porque, en definitiva, sus medios de prensa no son más que la pantalla que les permite avanzar en otros negocios. Si la verdad o la libertad de prensa se interponen a sus negocios, lo más seguro es que estas cuestiones queden en el archivo. Discutir libertad de prensa con las tarifas en la mano, o desde los negocios, es un verdadero desaguisado, un despropósito profesional. Y sobre todo, una falta de respeto a los lectores.La responsabilidad profesional debe centrarse en la búsqueda de la verdad, sobrepasando la barrera que intenta poner el mercado o cualquier autoritarismo oficial de turno.De ahí la importancia de los medios regionales de prensa: verdaderos reservorios de la libertad de prensa y de la libre expresión. No sólo la comunidad se siente representada por su medio, sino que en él encuentra un óptimo canal de expresión. Cuestión que los grandes medios capitalinos soslayan por completo, cuando se trata de abordar problemáticas regionales. Para ellos la prioridad pasa por la pauta comercial. La prensa regional está distante de los grandes centros de presión y cuando discute de libertad de prensa, lo hace desde la legitimidad que le da -día a día- su comunidad. La gran presión que recibe es la de sus vecinos. Ellos no son un mero número comercial, son los verdaderos custodios de la libertad de prensa. No dudan en golpear la puerta de la redacción y reclamar por su derecho: que la verdad sea democratizada. Una saga en la que el periodismo regional, juega un rol prioritario.

Región Metropolitana Norte
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