[Edición #564 | 10.03.2008]
San Isidro | Inmaculada Concepción: el templo más antiguo, después de la Catedral de San Isidro
Historias en torno a la cruz
El Museo de la Parroquia Inmaculada Concepción de Tigre guarda en sus muros más de 200 años de historia. Hechos y anécdotas contadas por el cura, historiador y pintor Edel Torrielli nos transportan al mundo de recuerdos que hacen a nuestra cultura regional. Allí descansan los restos de la hija de Santiago de Liniers. También se casó Dardo Rocha.
La apasionante historia de la Parroquia Inmaculada Concepción de Tigre se remonta a algo más de 200 años. Detrás de esos muros - que fueran reconstruidos y remodelados en tres oportunidades- se inscribe una atractiva y prolífera historia que mucho tiene que ver con la zona norte y nuestro acervo cultural.El paso de los años y la acumulación de tantos elementos culturales la han convertido en un verdadero Museo. Para hurgar en este virtual “túnel del tiempo” recurrimos al relato de quien fuera su cura párroco por muchos años: Edel Torrielli. Todo “un personaje” -cuenta la historia no escrita-, se hizo cura para poder pintar. Es buen cura, un gran tipo y además pinta bien. Hombre nacido y criado en el Delta, pintor, “maestro de vida” e historiador, Torrielli recuerda como dato curioso, que revisando papeles “encontré el certificado de bautismo de mi abuela que data de 1876”. También hay que destacar que él fue el cura número 46 de esta parroquia que después de la Catedral de San Isidro es la más antigua de la zona. El Museo Parroquial está situado en Liniers 1609, a escasos metros de la iglesia, para ser más preciso enfrente. Torrielli recuerda que para comenzar a construir la historia “habría que remontarse al 23 de octubre de 1730 cuando extinguidos los curatos rurales, se fundaron seis para la atención espiritual de la campaña, que fueron Arrecifes, Areco, Magdalena, Luján del Monte Grande, San Isidro y La Matanza, estos tres últimos formaban parte del Pago de las Conchas. De esta forma, esta región quedó dividida entre los curatos de Monte Grande, Matanza y San Isidro, a donde los lugareños acudían cuando el tiempo lo permitía o en las grandes festividades para escuchar los oficios religiosos. En 1731, por un acuerdo del Cabildo Eclesiástico se anexó el de Luján”.Bastaría recorrer un poco los salones de este museo para observar que cada elemento allí expuesto representa y simboliza una porción importante de estos últimos 200 años y por consiguiente cada uno de los objetos merece un cuidado muy especial. “Es necesario extremar la seguridad para el cuidado de todos estos elementos, he visto cómo cinco señoras, muy conocidas de la zona, se llevaron de aquí unos escritos originales de mediados del siglo XVII”, nos dice el párroco. Entre los objetos exhibidos con los que uno tropieza, está un libro que certifica bautismos, casamientos y fallecimientos sucedidos en 1750. Y figuraban porque en ese preciso lugar funcionó el cementerio parroquial donde fueron sepultadas, entre otras personalidades, la mujer e hija de Don Santiago de Liniers. Retomando el hilo inicial de la historia, Torrielli nos señala que “el 11 de marzo de 1731 un grupo de vecinos de esta región elevó un petitorio a autoridades eclesiásticas para que se considere a Las Conchas como feligresía independiente. El pedido se fundamentaba por la distancia que los fieles debían recorrer para participar de oficios religiosos a lo que se suman los malos caminos y la pobreza de quienes vivían en la región.El pedido no prosperó, pero uno nuevo tuvo leve eco en el cabildo eclesiástico que sólo otorgó oficiar misa. La primera la celebró el religioso de la orden de San Francisco, Fray Francisco Goytía, bajo la vela de un barco de los que fondeaban en el río principal”.Los primeros ladrillosLos datos precisan que en 1759 los franciscanos, con la ayuda de vecinos y de un sargento de la guardia, decidieron construir, con la autorización correspondiente, una capilla adecuada para el culto, la que llamaron Santa María de las Conchas. A pesar de los insistentes pedidos de los habituales asistentes a los oficios, para que la capilla sea declarada parroquia, recién en 1770 el Obispo Manuel Antonio de la Torre resolvió declararla vice-parroquia bajo la advocación de la Inmaculada Concepción del Puerto de Santa María de las Conchas, pero hasta 1774 no fue elevada a tal categoría por lo cual dependía de la de San Isidro Labrador. Finalmente fue declarada Parroquia en 1780.El Museo Parroquial encierra entre sus paredes particulares objetos, portadores de ricas anécdotas, como el escrito enmarcado que cuelga en uno de sus muros. Es una carta de Domingo César, comisionado de Tigre, dirigida al párroco Germinó Reynaldi, en la que le pide su influencia frente al juez de paz para el triunfo de su lista en la convención. Eran los años en que imperaba el fraude, la carta lleva fecha de 1870.Los temporales sucedidos el 5 y 6 de junio de 1805 dejaron a la iglesia en un estado deplorable. Corrían los años en que Manuel San Ginés oficiaba de cura párroco y que por otra parte procuró ante las autoridades episcopales, el traslado de la iglesia a un sitio más seguro: en los sitios altos de Punta Gorda bajo la advocación de Nuestra señora de Aranzazu.Pero el derrumbe sufrido por aquel entonces no fue el único. En 1820 una creciente de espectaculares características provocó el derrumbe de la Iglesia y la mayor parte de las viviendas del barrio, que volvieron a ser construidas tras un esfuerzo mancomunado de toda la población.En 1876 es demolida la estructura de la Iglesia -que con tanto sacrificio habían construido los vecinos- para adecuarla a una imagen más “moderna”. El nuevo templo se inauguró el 25 de mayo de 1881 y sufrió remodelaciones en 1945, que lo devolvió a las características de 1820.Sobre este solar funcionó el primer colegio profesional de mujeres, donde se enseñaba a coser y bordar a las adolescentes. La escuela fue inaugurada en 1821. Tantos años de historia, sin lugar a dudas ha permitido albergar centenares de elementos que enriquecen históricamente el lugar. Dentro de este sitio se pueden encontrar elementos que son sumamente significativos. Desde libros que dan testimonio de enlaces y bautismos del siglo XVII y de donde surge, por ejemplo, el casamiento de quien fuera el fundador de la ciudad de La Plata, Dardo Rocha, hasta un sagrario de plata legítima peruana o una imagen de San José realizada hace más de 150 años y enormes rejas sin soldaduras, hechas a puro martillo y yunque. El patio tiene un aljibe de mármol de una sola pieza. Hoy y tal vez para muchos, represente un simple decorado, pero en definitiva no deja de ser un símbolo que demuestra que el paso del tiempo y el hombre no siempre resultan fatales para los recuerdos.Un inmenso álbum repleto de escritos y fotografías de principios de siglo reposa en el Museo. Allí hay testimonios de visitas de grandes personalidades al lugar y de rituales religiosos que hoy ya no se utilizan. “En aquellos años, por ejemplo, se hacía toda una ceremonia cada vez que el obispo se llegaba hasta nuestra parroquia. Lo acompañaban carrozas y se hacían celebraciones alusivas con plena participación popular”. Las fotos guardadas reflejan la certeza de las palabras del cura; los desfiles se hacían en canoas y botes adornados con flores. Una comunidad muy distinta a la actual se aprestaba a darle la bienvenida al obispo.Hoy Edel Torrielli ya no se encuentra al frente de la parroquia pero sigue reteniendo en su retina y en la memoria toda esa rica historia que acuna la Inmaculada Concepción. N. de Red: (Nota rescatada del archivo de Lo Nuestro).
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