Director
Miguel Armaleo
HOME
  Contactenos
Nacion Provincia Región Norte San fernando San Isidro Tigre Vicente López
Recuadros
[Edición #568 | 20.05.2008]
Región Metropolitana Norte | Es un verdadero ejército de trabajadores informales que recorre las calles en busca del peso diario

De cartoneros a recicladores dignos.

Son mirados con desdén por un sector de la sociedad. Formalizarlos, capacitarlos e integrarlos a un proyecto de recicladores les devolvería la dignidad laboral. Más de 30.000 toneladas de basura se tiran sin ningún tratamiento. Si bien se prevé que para el 2010 se trate el 30% de los residuos domiciliarios, a la fecha nada de eso está sucediendo. Un viejo proyecto de ley -que duerme en los cajones de la Cámara de Diputados- deja lugar a la regulación de la actividad.

“Es más que evidente que el número de “cartoneros” en nuestro país va en continuo aumento, especialmente en los centros urbanos”, explica el diputado sanisidrense Alejandro Filomeno (PJ), al momento de detallar los motivos por los cuales acaba de presentar una ley para regular la actividad. El legislador, sobre la base de las “condiciones infrahumanas” en las que se desempeñan los cartoneros, presentó un proyecto de ley creando un “Programa de Empleo”. El primero - y único- de sus características, destinado para el sector. El mismo está dirigido a los grupos poblacionales afectados por condiciones de ocupación inadecuadas, “teniendo como objetivo la promoción del empleo y la inserción en el mercado laboral de cartoneros o trabajadores informales”, que desarrollen actividades relacionadas al reciclado o recuperación de los residuos sólidos urbanos”. El texto parece una nota recién elaborada, y sin embargo fue publicada en la edición Nº 445 que Lo Nuestro entregara el 9 de noviembre de 2002. La vigencia es asombrosa. Cambiaron algunas cifras, algunos personajes, pero la realidad sigue estando ahí. Poco, o casi nada se ha hecho para formalizar y sistematizar un trabajo que otras comunidades ya han organizado de manera seria y responsable. El tratamiento del reciclado de basura, de manera ordenada y responsable -donde el reciclador es el eje central-, es una práctica habitual en ciudades como, por ejemplo, Trenque Lauquen.Cuando se presentó la iniciativa legislativa, eran años en que la convulsión y marginalidad social sacudían a millones de hogares argentinos. Delante pendía una elección, que luego ganaría Néstor Kirchner. Más lejos quedaba una Argentina al borde de la anarquía. Al frente del gobierno estaba Eduardo Duhalde, que se hizo cargo luego del fracaso (y huída) de la Alianza de Fernando de la Rúa. Más del 38% de la población vivía por debajo de la línea de pobreza. El desempleo superaba el 24 % y los jubilados recibían 50 dólares al mes. La deuda externa y presión que se ejercía desde los organismos internacionales -por caso FMI-, eran groseras e inhumanas. En medio de tantas idas y vueltas, los movimientos sociales (los llamados piqueteros) iban cubriendo y conteniendo a millones de argentinos. Para esto, el gobierno lanzaba un megaplan social: Plan Trabajar. Era un verdadero y buen paliativo, ante tantas necesidades. La idea no era otra que ir apagando el incendio iniciado el 19 y 20 de diciembre del 2001. Bajo este panorama aparecieron los cartoneros. Era un ejército de trabajadores informales, que en su gran mayoría provenía del gran Buenos Aires. De manera desorganizada y en busca del “mango diario”, miles de personas revolvían tachos en busca de cartón u otro objeto posible de ser reciclado. Así fueron ganando las calles ante la mirada azorada de una burguesía que paulatinamente iba recuperando sus ahorros y estabilidad social. Para “ordenar” el trabajo, el Estado nacional ponía a disposición de los cartoneros, el denominado Tren Blanco. ¡Y nada más!. Con mucho esfuerzo, marginalidad y un trabajo por cierto indigno, por sus propias condiciones laborales, los cartoneros lograban parar la olla en sus pauperizados hogares. Acompañados de sus mujeres e hijos, y bajo condiciones laborales y sociales injustas, recorrían (y aún los siguen haciendo) las calles. Si bien los datos oficiales dan cuenta de que muchos son los que ingresaron al circuito formal del trabajo, los que quedan continúan trabajando en situaciones insanas y distantes de un marco laboral digno. Día a día, siempre de acuerdo con los datos oficiales, llegan a la Capital entre 6.000 y 8.000 cartoneros. Ya no lo hacen con el Tren Blanco -la empresa decidió desafectarlo del servicio en el mismo momento en que Macri desembarcaba en la ciudad-, sino de la manera en que pueden, la única, a pie. Otras cifra igual o superior de cartoneros camina el gran Buenos Aires. Esto también los llevó a modificar sus habituales horarios nocturnos. Ahora salen a trabajar a media tarde. A partir de este panorama, los cartoneros volvieron a ponerse en el centro de la escena, o para ser más precisos, a ocupar las primeras planas de algunos medios de prensa. Volvió -en muchos casos alentado desde algunos sectores de la población y de ciertos centros de comunicación-, a enfrentar a la población. Unos que reclaman por un trabajo digno, y otros que aducen cuestiones de “estética” u ordenamiento urbano. Pero el fondo de la cuestión sigue prácticamente igual al planteado por el entonces diputado sanisidrense. “Tal fue el desinterés, que ni siquiera fue tratado, directamente lo cajonearon, y no es que hubo otro proyecto a debatir”, confíaba días pasados, el abogado Alejandro Filomeno, con la bronca del caso. “Creo que si se hubiera debatido una ley regulatoria, ya sea desde mi proyecto u otro, tal vez el reciclado hoy sería una trabajo digno y formal”, detalla el ex diputado, para agregar que “hoy, con un Estado nacional seriamente recuperado y presente, me parece que estas cuestiones sociales bien pueden y debieran ser debatidas y, sobre todo, solucionadas”. El proyecto de Filomeno estipulaba crear la figura de “Recicladores o Recuperadores de Residuos”, para formalizar a un sector de la economía que en aquel entonces ocupaba a poco más de 150.000 trabajadores. Poco más de 35.000 toneladas diarias de basura tira la capital a los rellenos de Buenos Aires, y una cifra cercana a las 20.000 aporta el Gran Buenos Aires. Semejante cantidad llegan a los rellenos sin tratamiento previo. Si bien Capital y Buenos Aires suscribieron el plan de reducción de basura -mediante el reciclaje-, todavía no se ha implementado de manera efectiva. Se prevé que para el 2010 la Ciudad Autónoma deberá reducirla en un 30%.Y lo mismo deberá suceder en Buenos Aires. Para alcanzar estos guarismos, es vital la intervención de recicladores, previa capacitación. Demás está decir que se está muy lejos de lograr estos objetivos. Falta la decisión política. En cuanto al Programa de Empleo elevado por el legislador, recomendaba “ejecutarse en forma descentralizada, teniendo en cuenta las realidades locales en lo referente a los residuos sólidos urbanos”. El marco institucional del Programa de Empleo contemplaba la participación activa de representantes del Ministerio de Trabajo, del Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente, Organizaciones no Gubernamentales, Asociaciones, Cooperativas y Personas Físicas que desempeñen actividades relacionadas con el reciclado y la recuperación de residuos urbanos. El organigrama se completaba con representantes de los gobiernos provinciales y municipales. Una vez regularizado el tema, los cartoneros inscriptos tendrían beneficios sociales y laborales, nada extraño o complejo de realizar si hubiera una férrea decisión política. Pero no, todo se reduce a limitarlos y en lo posible correrlos de la vista del común de la gente. En plena dictadura, el gobernador de facto de Tucumán, Eduardo Bussi, literalmente corrió a miles de indigentes por ser una mala imagen para la ciudad. Aquella sociedad pacata e hipócrita acompañaba la medida del general asesino. Hoy las situaciones, por cierto, son distintas. Pero no mucho. Bastaría pararse en cualquier barrio de la Región Metropolitana Norte, para corroborar esta apreciación. Familias enteras van detrás de desvencijados carritos, que a fuerza de la tracción humana cargan cuanto material encuentran a su paso. Es un trabajo realizado en absoluta soledad. “Venimos de Gran Bourg, porque acá hay más guita, la gente tira muchos cartones”, explica Analía Fonseca, mientras su pareja y tres chicos (ninguno supera los 11 años) recorren la calle 3 Sargentos en Martínez. Una Zona Norte que, para ellos, les da la oportunidad de ir juntando los kilos necesarios como para venderlos al mayorista. Antes venían en el mentado Tren Blanco, ahora, cuentan, que lo hacen con un camión que los deja en Thames y Santa Fe. Otras aterrizan -movilizados por camiones- frente a la Quinta de Olivos. “No se quién pone el camión, creo que el gobierno no se cuál, pero nos sirve”, explican dos jóvenes mientras esperan que su carrito de supermercado sea bajado del camión. Ellos vienen de Garín y todos los días recorren las calles de Olivos y La Lucila, lo que les podría reportar un ingreso de 25 ó 30 pesos. También aseguran que el camión opera de domingo a viernes. Trasladarse (con sus hijos a cuestas) hasta la Capital, para muchos la meca del negocio, resulta costoso e intrincado: no siempre tienen dónde y con quién dejar a sus hijos. Por eso debieron acampar en algunos sitios públicos. Demás está decir lo dificultoso que significa recorrer tantos kilómetros por día, si al final de la jornada el traslado hay que concretarlo prácticamente a pie. Es más que evidente que el tren los ayudaba y, fundamentalmente, ellos regresaban con la mercadería bajo su control. “Salimos todos porque juntamos más y además no voy a dejar a los pibes solos todo el día”, explica, carro en mano, Jorge Ramos, mientras su mujer e hijas recorren con sus manos curtidas por el trabajo, la calle Rawson, en La Lucila. Su realidad no dista de la del resto de sus pares. Van junto a los suyos, más por una cuestión de autoprotección que por necesidad. Si bien les entusiasma la idea de tener un trabajo más formal, con un ordenamiento legal y la seguridad social del caso, no les convence la formación de cooperativas. Muchos creen ver detrás de esta alternativa, una pérdida de recursos. Cierto o no, lo real es que ellos siguen cartoneando -antes se los llamaba cirujas-, en un circuito informal y que, bajo las condiciones en que lo realizan, lo convierte en un trabajo indigno. Brindar un programa que los capacite, con apoyo técnico y social para su grupo familiar, promocionar, estimular y facilitar mediante el asesoramiento, la formación de cooperativas o microempresas relacionadas al reciclado o recuperación de residuos; o bien difundir información acerca de las características del mercado de trabajo y coordinar acciones tendientes a la más adecuada organización, tal vez sean algunos de los puntos que debieran abordar las autoridades, antes que “sacarlos de la vista” de una sociedad que prioriza sus cuestiones personales, sobre el bien común. Llevar el tema a una simple cuestión estética o de invasión de los espacios públicos, sería simplificar una realidad social que a la fecha aguarda una solución.

Región Metropolitana Norte
Fecha: 26/05/2008
Nombre: Rolando Moyano
Email: rolando9999@hotmail.com
Comentario: Desconozco si aun está funcionando, pero en la ciudad de Córdoba se había implementado por parte de la empresa de tratamiento de residuos una planta de selección en la cual se contrató a personas que realizaban ese trabajo en la calle en condiciones penosas y de total desprotección. La ventaja era que esas mismas personas fueron capacitadas, contaron con cobertura social y previsional y trabajaban con la indumentaria adecuada para el tipo de material que debían manipular. ¿Es tan difícil implementar algo similar en Buenos Aires? No sólo resolvería el reciclaje de los cartones sino también de muchos otros materiales que enterrados en forma masiva son altamente contaminantes o de muy lenta degradación (plásticos).

Por favor, déjenos su comentario acerca de esta noticia

Nombre
E-MAIL
Comentario
 

VOLVER