[Edición #535 | 20.11.2006]
Provincia | El gobernador impulsa el cambio
Intendentes, entre la reelección y la impunidad
Solá y sus legisladores del Frente para la Victoria intentan modificar la Ley Orgánica Municipal y así terminar con las reelecciones indefinidas de intendentes y concejales. Kirchner acompaña la iniciativa, pero para aplicarse recién el 2011. La oposición amaga. La impunidad, la otra cara de las reelecciones.
Sin lugar a dudas que lo de Misiones actuó como si fuera un efecto colateral no deseado. A tal extremo que esta suerte de efecto dominó, repercutió en distintos estamentos del poder político nacional. Sacudió los talones del presidente Kirchner, obligándolo a mirar hacia sus entrañas: acusó recibo. Y todo indica que obró en consecuencia. Al mejor estilo peronista yseguramente basándose en ese dogma de que “el pueblo nunca se equivoca y es lo mejor que tenemos”, el primer mandatario sacó a relucir sus reflejos.
En forma inmediata, y luego de la sugerencia del poder central, el gobernador de Jujuy desistió de su intentona reeleccionista. Y lo propio sucedió con el primer mandatario bonaerense. Felipe Solá intuyó que desde la Casa Rosada se le había bajado el pulgar. Distintas voces que hasta ayer acompañaban la decisión del gobernador, de manera abrupta, al mejor estilo panqueque, pasaron a cuestionar la reelección. Tal vez el caso más claro lo sea el del senador Díaz Bancalari. Una postura similar exhibió el bonaerense Aníbal Fernández, ministro del interior, quien no Solá y sus legisladores del Frente para la Victoria intentan modificar la Ley Orgánica Municipal y así terminar con las reelecciones indefinidas de intendentes y concejales. Kirchner acompaña la iniciativa, pero para aplicarse recién el 2011. La oposición amaga. La impunidad, la otra cara de las reelecciones.
Sin lugar a dudas que lo de Misiones actuó como si fuera un efecto colateral no deseado. A tal extremo que esta suerte de efecto dominó, repercutió en distintos estamentos del poder político nacional. Sacudió los talones del presidente Kirchner, obligándolo a mirar hacia sus entrañas: acusó recibo. Y todo indica que obró en consecuencia. Al mejor estilo peronista y seguramente basándose en ese dogma de que “el pueblo nunca se equivoca y es lo mejor que tenemos”, el primer mandatario sacó a relucir sus reflejos.
En forma inmediata, y luego de la sugerencia del poder central, el gobernador de Jujuy desistió de su intentona reeleccionista. Y lo propio sucedió con el primer mandatario bonaerense. Felipe Solá intuyó que desde la Casa Rosada se le había bajado el pulgar. Distintas voces que hasta ayer acompañaban la decisión del gobernador, de manera abrupta, al mejor estilo panqueque, pasaron a cuestionar la reelección. Tal vez el caso más claro lo sea el del senador Díaz Bancalari. Una postura similar exhibió el bonaerense Aníbal Fernández, ministro del interior, quien no oculta sus aspiraciones de suceder a Solá. Todas voces que hasta ayer acompañaban sin musitar la decisión del gobernador. Lo de Buenos Aires no era una reforma constitucional como la que se planteaba en Misiones y en Jujuy. Simplemente se requería que la Cámara Electoral de la provincia de Buenos Aires se expida si la constitución facultaba a un nuevo mandato a Solá. Para muchos –en particular la oposición– la intentona contradecía el espíritu de la reforma constitucional del año 94.
Pero más allá de esta disquisición, lo concreto fue que Felipe Solá se vio sin sustento político. Por lo tanto, de poco y nada valía la decisión de la Cámara Electoral.
A partir de esta realidad, el tablero provincial cobró un nuevo dinamismo. Nuevamente Néstor Kirchner recobró la iniciativa política. Definió la cantidad de miembros en la Corte Suprema de Justicia, coqueteó con la candidatura de su mujer, y se refirió a las reelecciones indefinidas de los intendentes. Una jugada, esta última, que de aplicarse cambiaría el tablero del poder provincial.
Esto último llegó a los oídos de los intendentes. En la intimidad ninguno (oficialistas y oposición) acepta cambiar las reglas de juego. Y mucho menos con una elección en puerta. En el mejor de los casos y si no les queda más remedio, se juegan que se aplique la reforma recién en el período que se iniciaría en el 2011.
Los que fustigaron duramente a Solá, nada dijeron y dicen de las reelecciones indefinidas de los intendentes. Sólo en público intentan dar vagas explicaciones. En su mayoría son posturas contradictorias y con alto voltaje de hipocresía. Liberales, progresistas y peronistas se asocian en esta saga. Ni siquiera intentan dar el debate de la conveniencia de limitar o de continuar con las reelecciones indefinidas de los intendentes.
“Hace dos años tengo en la legislatura un proyecto para terminar con las reelecciones indefinidas de los intendentes”, comentaba Felipe Solá ante Lo Nuestro, para agregar: pregúntenle a ellos porqué esta cajoneado.
De los 134 intendentes que hay en Buenos Aires, todos exhiben 2, 4 y hasta 6 elecciones. Lo que los posiciona –están convencidos– como seres humanos impolutos e intocables. El voto todo lo puede, es el razonamiento primario. “Si la gestión es un desastre, el pueblo nos castiga en las próximas elecciones”, razonaba el veterano intendente de Lanús, Manuel Quindimil, quien lleva 6 mandatos consecutivos al frente del municipio.
Otro de los argumentos que por estas horas viene deslizando la gran mayoría de la dirigencia política (zona norte incluida) es que “tienen experiencia de gestión”. Este argumento (digno para incorporarlo en el Manual de Zonceras Criollas, de Arturo Jauretche) se lo ha escuchado en diversas oportunidades, a los popes de la Región Norte. Es más que evidente que con este artilugio intentan perpetuarse en el sillón. Lo que debiera ser la formación de nuevos dirigentes, el trasvasamiento generacional, o bien que las nuevas generaciones se sientan atraídas por la actividad política, se frena ante la soberbia y arrogancia de los que hoy ostentan el poder local. La muestra más clara de que la política ha quedado reducida a unos pocos, es que los locales partidarios están prácticamente vacíos. Desde hace años la militancia es rentada. Quién se va acercar si todo se decide a dedo y entre los mismos actores.
Si los intendentes pueden durar toda la vida, los concejales no se quedan atrás. Por ejemplo, Rubén Vecci (UCR), presidente del Concejo Deliberante de Vicente López, Iran Gualdoni (Acción Comunal) en Tigre, Eduardo Sánchez del oficialismo sanisidrense, o bien el peronista sanfernandino Diego Herrera, llevan más de tres períodos como concejales. La lista de los que siempre están como fieles soldaditos del poder municipal, es larga y tediosa.
“Las reelecciones indefinidas no me parecen saludables, en muchos casos resiente las instituciones, cuando no, impide el acceso de nuevas generaciones; por eso me parece razonable una discusión amplia sobre el tema”, explicaba el concejal Pablo Fontanet (Fte. para la Victoria de San Isidro).
Por su parte, el intendente Enrique García, imputado penalmente por hechos vinculados a la corrupción administrativa (ver más datos en www.diariolonuestro.com.ar) dijo “compartir la creencia de que se debe limitar la cantidad de períodos”. Y recuerda que él cuando actuó como presidente del Comité de la UCR de la provincia, también fue diputado, ha sido un impulsor para que se cambiara la Ley Orgánica Municipal.
“Pero hay una realidad innegable –agrega con un dejo de contradicción, el mandamás de Vicente López– si un intendente cumple con sus deberes el vecino utiliza el instrumento más importante que tiene como ciudadano para ejercer sus derechos, el voto”. Con 5 mandatos en su haber, sus palabras parecieran vacías de contenido.
Otro caso pero más grosero es el del contador Ricardo Ubieto en Tigre, recientemente fallecido (ver nota aparte). Fue intendente de facto durante la última dictadura militar, lo que en “una sociedad en serio no se le hubiera permitido presentarse en elecciones democráticas”, argumenta el diputado Mario Fabris del ARI. Y desde 1987 logró que el voto popular lo sentara nuevamente en el sillón de la intendencia. Públicamente Ubieto, decía, en reiteradas oportunidades, estar distante de las reelecciones indefinidas, pero para gobernador y presidente. ¡Clarísimo!.
A su turno, el intendente Osvaldo Amieiro, con 3 mandatos en su cuenta, y todo indica que pretende otro más, se mostró más que satisfecho con “la acertada y justa medida adoptada por el gobernador Solá”. “Aplicó el sentido común, priorizando la gobernabilidad ante los intereses personales y partidarios”, detalló el jefe comunal ante Lo Nuestro. Pero prefirió no emitir juicios por la reelección de intendentes y concejales.
“Estos muchachos han hecho de la política una gran sociedad anónima, limitada”, afirma con suma vehemencia Rodolfo Santángelo del Grupo Coincidencias de Vicente López. Santángelo es de los que creen que “hay que limitar todas le reelecciones, porque sino se creen intocables, impunes y ahí viene el descontrol; sino miremos al intendente García”.
Desde otro ámbito político, Gustavo Seva, al frente del Sindicato de Trabajadores Municipales de San Isidro, también dio su opinión. “Si el debate es para mejorar las instituciones y de este modo dar mejor respuesta a las demandas populares, bienvenido sea el mismo”, razona Seva. Para el dirigente, la cuestión “no debe reducirse a cambiar figuritas viejas por otras que no son ni más ni menos que los muletos de los que se van, la verdadera apuesta pasa por facilitar y alentar la plena participación de la población”.
“Me parece que tenemos una buena oportunidad -razonaba ante este medio, el diputado del Fte. para la Victoria, Alfredo “Loby“ Antanuccio, cercano a Solá- para debatir y aplicar cambios profundos”. Al respecto, el legislador se refiere a la posibilidad de que los jueces pierdan la inamovilidad, y avanzar también sobre la limitación de las reelecciones de legisladores y concejales.
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