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Recuadros
[Edición #533 | 24.10.2006]
Provincia | Los sucesos de San Vicente

Ni autocrítica ni perdón, soberbia y arrogancia

Indudablemente las imágenes que invadieron prácticamente todos los hogares de los argentinos, surgidas en la quinta 17 de Octubre de San Vicente, han de calar hondo, especialmente en el sentimiento peronista. Lo que debía haber sido un verdadero homenaje y una jornada de júbilo popular por el retorno de Perón a su tierra tan querida, terminó convirtiéndose en una tarde triste. Una tarde, donde el orgullo peronista fue mancillado por la apetencia de una dirigencia gremial, mezquina e individualista. Que poco y nada pareciera haberles importado la gran movilización popular que cubrió todo el recorrido por donde pasó el féretro del General. Rostros quebrados por el paso del tiempo y del dolor, muchos con lágrimas en los ojos, otros con signos de dolor y otros de angustia. También se pudo ver muchísimos rostros de jóvenes, que sin haber vivido aquella historia, ponían pasión peronista ante el paso de la cureña. Miles y miles de personas movilizadas por su propia convicción, mostraban el rostro de estar disfrutando y viviendo un momento irrepetible. Un hecho histórico. Una vez más, el peronismo ganaba la calle –masivamente– convocado por la impronta y enseñanza heredada de su fundador.

Al final del trayecto, allí en San Vicente, donde se levantó el mausoleo que albergará los restos de quien fuera por tres veces presidente constitucional, aguardaba una gran multitud. La gran mayoría movilizada por el denominado aparato. En este caso, el sindical. En ellos recaía la responsabilidad de la seguridad. Así lo habían planteado la C.G.T. y las 62 Organizaciones, ante las autoridades nacionales y provinciales. Una vez más, los trabajadores de Perón custodiarían los restos y garantizarían el acto. Sin embargo, la realidad mostró una cara distinta. No desconocida, por cierto: la violencia rentada. Producto seguramente del mercantilismo que cubre a muchos sectores de la vida del país desde hace décadas. Y en esto no hay distingo; en la volteada caen públicos y privados, para decirlo de algún modo. Por eso, en este marco en que todo pareciera comprarse y venderse, donde las ideologías quedan sepultadas para dar paso al salario depositado en almas marginadas y desamparadas, la violencia cobra un triste sentido. Fue evidente que la mayoría de estos verdaderos violentos, de un lado y del otro, no defendían otra cuestión que la paga. Es cierto, ningún peronista rompe valores y objetos que pertenecían al ex presidente, se escuchó decir de un lado del mostrador. Pero no es menos cierto que ningún peronista empuñaría un arma para matar a otro peronista.

Fue evidente que la violencia es la resultante de internas no resueltas, y de negocios que no quieren perder. No se mataron por un país en serio, ni mucho menos por una patria justa y solidaria. Que tal vez hubiera sido una actitud noble. Nada que ver. Para estos dirigentes, todo es una mera cuestión de negocios y poder personal. Jugaron con el sentimiento peronista, preocuparon al resto de los argentinos y alimentaron a los reaccionarios de siempre. No entendieron, o tal vez sí pero no les importó, que sus disputas –que ya las habían tenido años atrás también a los tiros–, las debían dirimir en otro campo, en su campo. Claro, sucede que muchos de estos dirigentes que utilizan a marginales pauperizados como guardias de choque, han crecido y construido su poder a los tiros. Y no parecen dispuestos a cambiar de actitud.

¡Ahora resulta que todos sabían que se podían producir hechos de violencia!. Sin embargo, nadie movió un dedo. Hasta algunos dirigentes sindicales deslizaron que fueron burlados en su buena fe. En este paño no juegan los ingenuos, por lo tanto de poco y nada sirve semejante disquisición. Mucho menos transferir responsabilidades, como algunos han intentado realizar.

Si los hechos violentos en sí fueron preocupantes y repudiables, tal vez lo más reprochable haya sido la postura de los dirigentes gremiales y políticos. Ninguna autocrítica y mucho menos, pedir perdón. A excepción de Kirchner, y con mayor vehemencia Solá, no se escuharon autocriticas.
La responsabilidad y peso institucional que el peronismo tiene en los distintos ámbitos de la Argentina, merecía un acto de honestidad intelectual. No lo han hecho, ni lo harán.

Es sabido que el rancho se construye con barro y bosta, pero si la bosta supera al barro, las paredes se quiebran y el escarmiento puede ser doloroso.

Provincia

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Amieiro criticó a diestra y siniestra



El peronismo de San Fernando salió a fijar posición a las pocas horas de sucedido los hechos de violencia en San Vicente. Sin que estuviera firmado por quien preside el PJ local, el intendente Osvaldo Amieiro, el comunicado de prensa “repudia los hechos de violencia”.

“Repudiamos la violencia física de algunos grupos, la rotura de objetos históricos y el maltrato a las instalaciones de un lugar con tanta simbología para quienes nos asumimos Justicialistas”, expresa el PJ sanfernandino en otra parte del escrito. Sin citar nombres, los peronistas dicen: consideramos que este acto de homenaje «les quedó grande» a todos los que tuvieron la responsabilidad institucional y política de su organización”. Tal vez un tiro por elevación a la conducción gremial, pero sobre todo a Anibal Fernández, ministro del interior, y a Felipe Solá, archirival del intendente Amieiro.