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[Edición #521 | 06.05.2006]
San Isidro | San Isidro: Ex dictadores por democratas

Que las calles Aramburu se llame Illia y Leonardi Jauretche

Seguramente convencidos de que lo peor que les puede pasar a los pueblos es perder la memoria, el bloque del Frente para la Victoria de San Isidro acaba de presentar un interesante concejales Fontanet, Leonardo Martín y Aurora Bastidas, del bloque del Frente para la Victoria.

La designación de calles y avenidas o paseos y monumentos debe partir del “reconocimiento de la acción cultural, social, deportiva, religiosa o política, desarrollada por esa personalidad, en el seno de la comunidad”. “Y esto no sucede con Aramburu y Leonardi –describe Fontanet–, dos uniformados claramente identificados con la represión y la violación de los Derechos Humanos”.

El proyecto de ordenanza, que se encuentra en Comisión a la espera de una resolución, determina en su artículo 3º: Cámbiese la denominación de la calle general Aramburu de Martínez por la de Presidente Arturo Illia y la de Gral Leonardi de Beccar por la de Arturo Jauretche”.

Por otra parte, y sobre la base del espíritu de la ordenanza (artículo 1º) “se establece la prohibición en todo San Isidro de nombres a calles, avenidas, paseos y espacios públicos que recuerden a personalidades o funcionarios que hayan tenido participación en gobiernos que accedieron al poder a través de un golpe de estado”. La misma ordenanza exceptúa a aquellos funcionarios que, con posterioridad hayan accedido a la función pública mediante el voto popular, excluyendo a los procesados o sentenciados por delitos de lesa humanidad.

La ordenanza, la cual muchos creen pasará el tamiz del oficialismo -con algunas modificaciones- podrá ver la luz en un par de semanas más. Y esto se motiva en que un sector del oficialismo, y parte de la oposición, que peinan pelos en todos sus cuerpos, aún siguen creyendo en las bondades de los golpes de estado.

“Es natural y hasta conveniente para toda democracia, pensar distinto, pero que todavía haya sectores que nieguen o minimicen los golpes del 55, del 66 o del 76, es incomprensible, salvo que crean que eso también sea parte de la democracia”, razona con mucha indignación Hugo Marinucci.
El concejal Angel Fedrizzi de Convocatoria Ciudadana, asegura estar de acuerdo con la primer parte de la ordenanza, esa que dice que de aquí en más nunca más un nombre de un dictador, pero se muestra renuente a la hora de acompañar el cambio de Aramburu y Leonardi. “No se puede modificar el nombre de calles, esto nos traería aparejados problemas con los vecinos, agregaría confusión”, razona el liberal Fabrizzi. Para el edil, “hay cosas más trascendentes que abordar antes que estas cuestiones, hay que mirar para adelante, a lo largo del tiempo”.
Un visión distinta tiene la concejal Margarita Pinedo. De fuerte cuño radical, con buena formación ideológica y con una vasta experiencia en la función pública -estuvo en la secretaría de Obras Públicas hasta que Gustavo Posse la convocó al legislativo-, Pinedo no oculta su agrado por la ordenanza. “No caben dudas de que Aramburu por Illia no debiera ser materia de discusión, lo mismo para el caso de Leonardi”, sentencia la oficialista Margarita Pinedo. Sobre esta misma saga, también avala que nunca más una calle lleve el nombre de un personaje que haya sido partícipe directo o indirecto de un golpe de estado. “El dolor que implica recordar estos hechos -dice la concejal Pinedo- no nos puede llevar a confundir a aquellos que aún con virtudes y defectos apostaron a la democracia, sobre aquellos que fueron partícipes de golpes de estado”.

En otra vereda se sitúa Andrés Rolón, del PRO. “No comparto el cambio de nombres”, asegura, para agregar que de prosperar la ordenanza, “es complicarle la vida a los vecinos, mire lo que pasa con Cangallo y Perón en la Capital”. Sin ocultar su postura política, seguramente no exento de una fuerte dosis de antiperonismo, Andrés Rolón saca a relucir que “Perón también fue golpista y sin embargo hay calles que lo recuerdan y no está mal; hay que respetar a todos”. Una postura similar sostiene su compañero de banca, Alejandro Bustamante. “Ni vecinos ni comerciantes han pedido el cambio, por lo tanto para qué sumarles un problema, con las modificaciones de tarjetas, de facturas, etc. etc. etc.”, esgrime el concejal.

San Isidro

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Saben y se
hacen los giles

No puede resultar menos que increíble y preocupante que a esta altura de los acontecimientos, muchos dirigentes políticos todavía confundan el bien con el mal. Que no sepan distinguir entre un dictador y un demócrata. Que no sepan discernir entre aquellos que trabajan en pos de la comunidad y los que se sirven de ella. Que no sepan distinguir entre quienes hace de su vida un culto a la honestidad laboral e intelectual y quienes se agazapan, disfrazándose de nobles caballeros, con el único fin de sacar ventajas a expensas del otro. Es preocupante que no sepan distinguir.

Seguramente, si uno hiciera una proyección histórica, muchos de éstos que hoy no saben distinguir (tal vez lo saben pero se hacen los giles), en unos cuantos años rescatarían el nombre del coronel Pedro Noguer -intendente de facto en 1976- para bendecir a una calle de San Isidro.