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Recuadros
[Edición #520 | 15.04.2006]
San Isidro | Plan Federal de Viviendas; convenio Nación-municipio

Comenzaron a entregar las primeras viviendas en La Cava

Pasaron poco más de 5 meses desde que se diera inicio a la construcción de viviendas en La Cava y los primeros propietarios ya han comenzado a tomar posesión: sin lugar a dudas el primer paso para salir del ostracismo social, del que fueron objeto durante toda su vida. Parece increíble, pero la grata realidad está golpeando los hogares de miles de vecinos de San Isidro.

Miles de vecinos –se calcula que allí viven poco más de 8.000 personas– que empobrecidos y viviendo en la más baja degradación humana, hoy están haciendo realidad el sueño de la casa propia. Enmarcado en el denominada Plan Federal de Construcción de Viviendas, la municipalidad de San Isidro está construyendo, tan sólo en La Cava, poco más de 1.000 casas que serán adquiridas por los vecinos mediante un pago mensual. Un sitio, La Cava, donde la pobreza más extrema y las condiciones más humillantes a la que un ser humano es sometido, se tutean con las contradicciones que ofrece el capitalismo más deshumanizado: la ostentosa opulencia de los barrios residenciales a escasos metros de allí.

En medio de esta realidad, miles de vecinos vienen peleando desde hace años, por subir el primer peldaño que los haga salir de la oscuridad y el olvido: una vivienda digna. Tal vez no lo confortable que ellos hubiesen querido y merecido. En medio de semejante despropósito comienzan a surgir las primeras viviendas, luciendo como una perla blanca y brillante sobre un mantel oscuro. Mientras avanza a ritmo acelerado la construcción de las 1000 viviendas , el viejo barrio se va desdibujando por el avance de los techos y paredes de las nuevas casas con sus colores pasteles en las paredes. De este modo, en poco tiempo más, las casas de madera y cartón (sin ningún tipo de servicio), podrán quedar en el triste recuerdo. San Isidro es el primer municipio en entregar las viviendas en lo que a Plan Villa se refiere.

El paisaje que se observa -cientos de obreros levantando paredes- se asemeja a la Argentina de otras décadas, en que el Estado cumplía su verdadero rol, acompañando el esfuerzo de la población. De eso se trata, aquí nadie les regala nada, “será el trabajo de cada uno de los vecinos que concrete el sueño de la vivienda propia”, comentaba el ministro Julio de Vido, ante Lo Nuestro, cuando el año pasado se abrieran los pliegos de la licitación del plan. La felicidad detrás de la puerta“No lo puedo creer, la primer noche ni podía dormir y peor mi suegra, ella estaba más feliz que nosotros”, explica a este cronista, con la emoción del caso y una dulzura exultante, Silvia Gutiérrez, madre de tres criaturas.


Ella, junto a su marido –nació en el barrio– vivieron muchos años en el pozo de La Cava, tal vez lo peor del barrio, si es que hay algo bueno y digno, a excepción de la población. La actual vivienda luce prolijamente ordenada, decorada con la escasez que dispara la pobreza. Silvia recuerda que antes vivían en una casa que se les inundaba, “teníamos que levantar los muebles, y lo peor era que Ramiro se me enfermaba cada dos por tres con el asma, hasta una rata lo mordió, ahora nada”.

Mientras ella desgrana su nueva realidad, los pibes, Milagros, 1 año, Ramiro, 2 y Santiago de 3, corretean por la casa. “No sabés lo que es para nosotros y los pibes -comenta- si hasta Ramiro el primer día se levantó llorando porque no me encontraba, no se, se asustó de la casa, antes dormíamos todos juntos y ahora él está con sus hermanos”.“Ahora es otra cosa, tenemos nuestro patio, y hasta los chicos pueden invitar a sus compañeros del colegio 23, antes nos daba vergüenza, ahora no, nos sentimos en un caserón”, agrega con sumo orgullo Silvia Gutiérrez, a pesar de que aún no le conectaron el gas natural. Francisca Torres (40) con varios hijos, es vecina de Silvia y su sensación transita entre la alegría y el lógico descontento. “Yo antes tenía una casa más grande que estaba bien amueblada, y más grande que está”, describe Torres.

La charla con Francisca transcurre en la puerta de su nuevo hogar. Está acompañada por su joven hijo Ramón, que está viviendo con su abuela en Victoria “porque en la casa no hay lugar, antes vivía con nosotros”, rememora Francisca. Junto a ella se encuentra una de sus hijas, Gisella, casada, con un niño de 5 y que viven con su madre. Si bien está contenta con el nuevo hogar, no deja de añorar que tuvo que regalar muchos muebles “porque ahora la casa es mucho más chica”. Al respecto, Francisca Torres –muestra una realidad que es contundente en las villas, las familias numerosas– está sumamente angustiada porque además del reducido espacio en el cual están viviendo, carga con la tristeza de tener a dos de sus hijos fuera de su casa. Francisca, al igual que otros vecinos, coinciden en que por las características propias de la casa, las ampliaciones son prácticamente imposibles. Si el dinero del Estado está disponible, y sobra, entonces cabe preguntarse el porqué de las dimensiones de las viviendas.

Sobre este tema, una funcionara del gobierno nacional al ser consultada por Lo Nuestro, en Noviembre de 2005, decía: qué pretende, que le construyamos una casa de 100 mts. ¡Sin comentarios!.Un punto donde la mayoría de los consultados se mostró coincidente, fue sobre la mudanza. La misma se concretó sin previo aviso, todo fue muy rápido, les avisaron a la mañana que había que mudarse a la tarde. Tampoco lograron ver las casas con antelación.El matrimonio compuesto por Alejandra Ditian (30) y Cristian Saisi (26) dice “no estar contentos, sino requetecontentos”.

El sueño de la casa propia se les hizo realidad a edad muy temprana. “Imagínate, yo nací aquí. Qué me iba a imaginar viviendo en una casa así”, relata muy pausadamente como quien mide cada una de sus palabras, el joven Cristian. Su mujer –que está bajo tratamiento médico– asiste con una sonrisa de extrema afabilidad. El matrimonio tiene tres hijos, uno de ellos, el más chico, se cayó de la escalera y sufrió lesiones leves, y está por estas horas con su abuela, pero lo vemos todos los días. “Ellos son los que más disfrutan la casa”, asegura Alejandra, para agregar que “antes estaban todo el día por los pasillos, entre el barro, en vez ahora tienen su lugar, su patio”. A pesar de tener muebles muy desvencijados y corroídos, uno de cada color, lo que sobra en el hogar de los Saisi es limpieza y orden. A tal extremo que Cristian, cartonero y beneficiario de un plan social, tiene todos sus bártulos prolijamente acomodados. Antes dormían esos diarios y cartones en los pasillos. Ahora están pensando en buscar un galpón donde poder dejar lo recolectado durante el día.Alejandra y Cristian están “descubriendo” el placer que da compartir una tarde en “su casa”, “vienen mis amigos, algunos con los pibes y la pasamos rebien, afirma Cristian.

Los Saisi son de esas familias, como la inmensa mayoría de sus vecinos, que convierten la pobreza más degradante (que uno se puede imaginar) y la adversidad más compleja, a la cual han sido empujados, en un camino de lucha y de solidaridad. Nadie les ha regalado nada, todo se lo han ganado con trabajo y organización. En definitiva, un legítimo derecho al cual debieran acceder millones de argentinos.

San Isidro

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Las casas por dentro

Los primeros propietarios comenzaron a mudarse a principios de enero ,y a la fecha ya son más de 15 las viviendas entregadas. Las primeras casas en ser habitadas fueron construidas sobre la calle Tomkinson, mientras que durante el verano se concretaron entregas en Bilinghurst (16 en total). Sobre las inmediaciones de este sector, la Cava Chica, se construirán 246 casas unifamiliares. Todas sobre terrenos individuales. Son casas levantadas sin lujos, pero con las mínimas comodidades. Están construidas con paredes de ladrillos huecos, techos a dos aguas con carpeta de chapa y terminados con machimbre; en planta alta tienen dos dormitorios con placard, y allí está el único baño. En planta baja se sitúa el living comedor (6 x 4 mts) integrado a una pequeña cocina y detrás, un pequeño jardín, mientras que el frente tiene una cochera. El dormitorio principal es de 2,45 x ,60, el otro mide 2.120 x 2,45. Las dimensiones de las casas, que fuera objeto de serios cuestionamientos, se modificaron a partir de la gestión del municipio: de tener 43 mts. ahora son de 51. Lo que mereció y merece las quejas de cientos de futuros propietarios. Sucede que las familias tipo en las villas están compuestas por no menos de 6 personas. Por lo tanto, no es difícil advertir lo complejo y conflictivo que resulta acomodarse en esas dimensiones.

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Mudanza rápida y con poco respeto

En apenas unas horas, los vecinos debieron agarrar sus bártulos y trasladarse a sus nuevos domicilios. Contra lo que la lógica y el sentido común indica, no los dejaron visitar las nuevas casas antes de mudarse. Y mucho menos les anticiparon el día del traspaso. Todo se concretó en un par de horas. El temor de que la vivienda pudiera ser ocupada ilegalmente produjo –de acuerdo con la versión oficial– la mudanza rápida.