[Edición #551 | 07.08.2007]
Vicente López | Figuras de mi ciudad: Fernán Félix de Amador
Un bohemio con un poco de poesía
Fue un verdadero bohemio -tenía con qué-, que salió a caminar por el mundo en plena convulsión de mediados del siglo XX . Conoció a personajes como Amado Nervo y Rubén Darío. Para algunos, discutido por sus condiciones literarias, para otros, un poeta. Vivió gran parte de su vida en Olivos, en una casa que fue devorada por la fiebre comercial. Hoy Lo Nuestro rescata del archivo de la memoria (año 79), una nota realizada por un vecino con historia
Me han pedido un tema de historia de la ciudad y me ocuparé de alguien que por su labor mucho ha contribuido a elevarla y embellecerla,como lo hiciera el ilustre poeta y critico de arte que fue Fernán Félix de Amador, autor de una docena de libros en prosa y verso, profesor y periodista,que algunos sólo conocen o recuerdan al realizarse exposiciones que llevan su nombre.Precisamente este año,1978, se efectuaron dos eventos de relevancia: uno en Luján, su patria chica, donde descansan sus restos en el panteón familiar, y el otro,el que desde hace más de quince años tiene lugar en el palacio municipal de Vicente López. Complementando esos homenajes, la exquisita poetisa Nilda Mileo, a la queel maestro había estimulado con su consejo y su aplauso,acaba de publicar un hermosoto mito en el que vuelca toda la ternura y expresividad de sus estrofas evocando la figura de Amador. Sólo el encanto del alma femenina puede manifestar con tanta delicadeza lo que siente por el admirado maestro.Amador era un místico deuna profundidad filosófica que se pronunciaba con los años, en la que su espíritu se despojaba de pasiones y orgullos terrenales para transfigurarse en la eternidad del Cosmos, sus versos fueron todos cantos a los valoresmás puros de la humanidad,a la que él soñaba puray bella.Don Fernán Félix descendía de una distinguida familia lujanense, egresado del colegio secundario viajó a Alemania y luego a Francia,estudiando filosofía y letras e historia del arte en laSorbona. Viajó su bohemiapor diversos países de Europay Africa, que relataríacon inimitable gracejo sucompañero de aventuras yfamoso periodista del siglo,Vizconde, en su frecuentaciónde los cenáculos literariosa dos grandes poetasamericanos: Amado Nervo yRubén Darío, de quien seríasecretario.El muchacho que estudiabaarte, frecuentaría los atellieresde Rodin y de Bourdelley de viejos y nuevos valoresde la pintura contemporánea,no podían faltar lasredacciones de los diarios yla vinculación de escritorescomo Anatole France, entreotros.En Paris conoció y viviósu romance con una jovencitaque sería la gran compañerade su vida: Doña Carlota,fiel guardiana de su hogar,inigualable administradoray madre de dos chicas y unvarón.Su casa de Olivos fue un remansode paz, más de treintaaños cobijaría a la familia ysiempre se brindó hospitalariaa quienes llegaron a ellaal calor de su amistad.De vuelta al país, con laresponsabilidad de una familia,no recurrió ni al empleopúblico ni a la ayuda familiar,actuó en redacciones políticas,siempre ecuánime conel adversario porque se sentíaferviente demócrata. Su especializaciónlo llevaría a lacátedra, las Escuelas de BellasArtes Manuel Belgranoy Pridiliano Pueyrredón lotuvieron entre sus profesoresmás capaces y la Universidadde La Plata lo contaríaentre los fundadores de suescuela Superior de BellasArtes, a la vez que haría loscomentarios sobre arte en LaPrensa, cuyo complementoliterario dirigiría hasta que eldiario fue confiscado. Desdeese momento, Amador novolvería más a su despacho,perdiendo toda la documentacióny obras de arte que loadornaban. Espera él retornaralgún día, pero desgraciadamentefalleció antes de queel diario fuera restituido alos Paz.Él, que conocía el París dela “belle epoque” en la transiciónde dos mundos, quepalpó los sentimientos delrevanchismo francés por lapérdida de Alsacia y Lorena,que observaría los colapsosdel proceso Dreyfus, la acentuaciónde las luchas socialesy los primeros vuelos delhombre, anticipando inconteniblesavances tecnológicos,que se extasían con las maravillasdel Louvre u observandodesde las librerías de laorilla del Sena la severa molede Notre Dame, imaginandolos movimientos angustiososde Cuasimodo, el deformecompañero que inmortalizaríaVíctor Hugo en su obracumbre, él viviría desde aquí,el drama de la primera guerraque asolara a Francia, mástarde, la segunda.En Vicente López propicióla formación de CALAC(Cooperativa Amigos de lasLetras, las Ciencias y lasArtes), editora de la “NuevaRevista del Río de la Plata”y de varios libros de historialiteraria. A su fallecimiento,el grupo se disgregó aunquese reuniría de vez en cuandopara recordarlo. La vida deAmador es para estudiarlay difundirla, como lo hahecho el profesor. FedericoFernández de Monjardíny Nilda Mileo. El escultorPablo Hannenman le dedicóuna fuente en la PlazaBorges, (Catamarca y Alberdi),la que fue destruida porunos jovenzuelos borrachosque salían de una boite. Otrogran artista, Vergottini,hizo el busto de bronce quese ubicó en el Rincón delos Postas, en el Rosedal dePalermo.Algunos amigos teníamos,hasta hace unos tres años, elconsuelo de mirar la viejacasona situada al 1981 de lacalle que lleva su nombre enOlivos de sus amores, pocodespués, nada quedó de ella,sólo el portón que, a mipedido, el conocido pintorHarry V. Beyer inmortalizócon tinta china.Luego… sólo los recuerdos,los libros, sus versos,la perennidad de ese espíritude quien fuera uno de losmás destacados valores intelectualesdel país, el PoetaFernán Félix de Amador.“Antonio MarsanoVecino de Vicente López,hombre vinculado al socialismodenominado democrático,y admirador de J.B. Justo. Fue integrante dela Cámara Empresaria local,apasionado de la historia,periodista y comprometidocon las cuestiones culturalesy sociales de su comunidad.La nota fue escrita paraLo Nuestro, en enero de1979, Edición Nº 2.
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Ayer su casa, hoy un supermercado La casona en que viviera el poeta estaba emplazada en lo que hoy es el supermercado Carrefour de Ugarte y Caseros, Olivos. En los 80 su familia la vende al supermercado Norte. Era una enorme casona que ocupaba media manzana. Tenía ingreso por Ugarte y por Amador. ‘De nada valieron los pedidos por preservar el lugar. Ningún rastro de aquel personaje quedó grabado en el imaginario colectivo si no fuera por la calle y el busto de la Plaza Borges.
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