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Recuadros
[Edición #553 | 10.09.2007]
Nación | En plena campaña electoral, pocos hablan del tema

Los Derechos del Niño muy lejos de ser un verdadero privilegio

Son millones de chicos que padecen abusos y violaciones físicas. Con familias disgregadas por imperio de un capitalismo insensible, deben salir en busca del día a día: el futuro parece no existir para ellos. Profesionales, políticos, y sindicalistas convocados por el Foro por los Derechos a la Niñez y la Adolescencia, debatieron sobre esta realidad.

Decía el asesinado padre Carlos Mujica, seguramente basándose en algunos de los principios rectores del peronismo y sobre todo en su trabajo cotidiano de buen cristiano -siempre junto a los más necesitados- que había que seguir trabajando para volver a ser un país donde ser niño sea un privilegio, ser trabajador un derecho y ser anciano una bendición. Pasaron poco más de 30 años de aquellas reivindicaciones por las que tanto luchaba, y todo indica que aún resta mucho camino por transitar. Recién ahora se comienza a ver un Estado más sólido y con mayor presencia. Un Estado que parece ir encaminando las cuestiones sociales hacia la senda de una mayor equidad y justicia social. Que falta mucho es indudable. Que hay contradicciones (en algunos casos burocracia) y lentitud, también es evidente. Todavía hay cientos de miles de niños viviendo en la pobreza y trabajado a temprana edad. Cuando no, revolviendo basura. “Pero el Estado no lo puede todo; es importante que cada uno se comprometa y comprenda que los chicos nos son el problema, sino que tienen problemas”, explicaba Daniel Sanz al momento de lanzar el “Foro por los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud” realizado en Vicente López. Sanz, funcionario del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia y especialista en temas de la niñez, no dejó pasar la oportunidad para remarcar que “algunos falsos ingenieros miran la situación de los niños como una cuestión judicial y de inseguridad, cuando la realidad es muy distinta”.Daniel Sanz, junto a la ex concejal de San Isidro Laura Van Lacke, actual asesora de la secretaría de Derechos Humanos de la provincia, fueron los encargados de coordinar la jornada. La misma tenía como tema central “Niñez, Adolescencia y Juventud, de la exclusión al nuevo paradigma de promoción y protección de derechos. Un cambio de mentalidad”. Figuras nacionales de prestigio internacional como la arquitecta Cristina Reynal, Directora Social del Instituto Provincia de la Vivienda de la provincia; la psicóloga Victoria Martínez, Directora Nacional de Grupos Vulnerables de la Secretaría de Derechos Humanos, y el dirigente sindical (CTA) Daniel Barrojar, fueron los encargados de describir realidades que no por poco conocidas dejan de ser lamentables.Reynal fue la encargada de abrir el fuego. La funcionaria puso como factor negativo al modelo neoliberal que “degradó valores y puso a la familia en situación límite. Esto produjo que millones de familias ingresaran en un punto negro, de degradación”. Puso como ejemplo (sacado de un trabajo de campo) a Ana, madre de 12 hijos. Al igual que miles de familias, Ana quedó “partida” por la realidad socio- política. Su marido sin empleo ingresó al mundo del alcohol y la violencia familiar, uno de sus hijos cayó en las garras del delito, otros en la droga. En la descripción de la profesional no faltó el abuso de menores. El final es conocido: familias disgregadas, apartadas y marginadas por el resto de la población, con algunos chicos internados en Institutos de Menores. Y sobre todo cargan con la estigmatización de vastos sectores de la población: “su pobreza es mirada como sinónimo de criminalización”. Una realidad en la que influyen muchos medios de comunicación y dirigentes políticos y sociales, que ven un buen espacio para sacar provecho.Cuando esas familias ingresan a ese “tobogán de la decadencia”, sus hijos también son arrastrados. “Y lo más preocupante es la falta de esperanza de esos chicos, por eso es importante la presencia del Estado y el apoyo de toda la comunidad”, explicaba Reynal. En el debate no faltó el recordado Patronato de la Infancia. Una institución que a la luz de los hechos marcó una etapa, para muchos signada como negativa. “Todavía hoy hay quien reivindica este tipo de Institución para contener a los niños”, decía Daniel Sanz.Por su parte, Victoria Martínez, haciendo referencia al proceso militar del 76, aseguró “que el mismo no sólo trajo exclusión y pobreza, sino un modelo que vino a modificar el rol del Estado”. Para la profesional, “en aquel momento comienza la disgregación social y familiar, se rompen los vínculos de solidaridad” y los más afectados, aclara, “son los chicos”. Cuestión que aún hoy se puede palpar a diario. Son millones de pibes deambulando y en busca de un futuro que creen -tal vez con razón- nunca les llegará. A pesar de su corta edad, los pibes ven que sus vínculos familiares más cercanos cargan con “el maleficio de la pobreza y la exclusión social”. Frente a este panorama que profesionales, funcionarios, empresarios, religiosos y políticos se ufanan en analizar, estudiar y descubrir, las múltiples violaciones a los Derechos de los Niños, mientras ellos vienen padeciendo generación tras generación “el maleficio”, cuanto menos, parece una nimiedad. “Debemos recuperar aquel Estado de bienestar y de justicia social, en que el trabajo y el capital se repartían los beneficios de manera equitativa (50% a cada uno)”, comentaba Daniel Barrojar de la CTA.Si la pobreza es desesperante e indigna, cuánto más cuando no hay futuro. “No es cuestión de caridad, los niños deben ser considerados desde su nacimiento como ciudadanos, con todos sus derechos, el de la salud, el de la educación, y el tener una vivienda digna”, detalla Verónica Martínez. No pocas veces los chicos y adolescentes excluidos son considerados como “factores peligrosos”, especialmente por aquellos que mucho critican y poco hacen para cambiar esa realidad. Una saga en la que ingresan los más diversos factores de poder. Generalmente, los chicos (en su gran mayoría de bajos recursos) son tomados como “verdaderas amenazas sociales”, y bajo esta impronta se los pretende judicializar, internándolos en instituciones de “recuperación”. “Las estadísticas nos dicen que allí no encuentran el marco de contención adecuado”, explicaba Laura Van Lacke. “La mirada judicial sobre los chicos debe cambiar, no se soluciona con el encierro en institutos de menores”, añadía Martínez.

Nación

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