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[Edición #504 | 06.08.2005]
Nación | Segunda entrega

Despenalización del aborto: una compleja decisión

En la Argentina, 500 mujeres mueren al año y otras 15 mil quedan con secuelas tras realizarse abortos ilegales. Es la primera causa de muerte en mujeres jóvenes. Sin embargo, no se lleva a cabo un debate serio y profundo sobre el problema. Lo Nuestro buscó la opinión de políticos, profesionales y especialistas.

Decenas de mails y llamados telefónicos a nuestra redacción no hicieron más que evidenciar la necesidad que hay, en un vasto sector de la población, en debatir un tema que para muchos pareciera ser un tabú: la despenalización del aborto. Una realidad que golpea a miles de mujeres y hogares argentinos, en particular a los sectores más humildes. Las clases más acomodadas o pudientes acceden al aborto sin mayores dificultades. Hay informes que señalan que en la Argentina se realizan 500 mil abortos ilegales por año. Muchos, los que corresponden a mujeres de bajos recursos económicos, en condiciones sanitarias de riesgo. Su consecuencia más directa es que 500 mujeres mueren al año y otras 15 mil quedan afectadas con secuelas importantes. Estamos hablando de la primera causa de muerte en mujeres jóvenes en Argentina.

Mientras esto sucede, el Ministerio de Salud de la Nación, muy a pesar de las fuertes presiones –en especial de la Iglesia– ha salido a caminar el país con un programa de salud reproductiva y procreación responsable. El mismo consiste en la entrega de 18 millones de preservativos y 25 millones de anticonceptivos, distribuidos gratuitamente en 5.000 centros de salud y hospitales diseminados a lo largo y ancho de todo el país. A pesar de lo obvio y lógico que resulta el programa, la reacción de la Iglesia fue y es punzante. Para la Iglesia Católica, éstos son métodos abortivos.

Generar el debate no significa tener las cosas definidas a priori En definitiva, las variadas opiniones y miradas que hemos recabado por diferentes canales no hacen más que reafirmar que la cuestión no es nada sencilla.

A favor y en contra
“Lo vengo sosteniendo desde hace muchos años, apoyo una ley de salud reproductiva pero no estoy de acuerdo con la despenalización del aborto”, explica ante Lo Nuestro la ex diputada Elisa Carrió. La legisladora recuerda que es autora de una ley de salud reproductiva que aún está a la espera de ser abordada por sus pares. La candidata a senadora abona al criterio de que “hay que igualar y no dejar que los sectores más humildes y excluidos no tengan acceso a una correcta atención”, una clara referencia a la necesidad de que todo el mundo pueda disponer de métodos preventivos.

Sin embargo, para Marcela Astete Millán, psiquiatra y con trabajo en hospitales públicos, “el aborto se debe dar en el marco de la libertad individual, de acuerdo con el credo de cada persona”. La profesional y vecina de Olivos aclara que “en este marco, el Estado debe dar la igualdad de posibilidades para que su práctica se realice a nivel público”.

Seguramente como conocedora de la realidad que le toca vivir a diario, Astete Millán dice que “en la actualidad abortar es una práctica médica muy rentable que está dirigida a un sector económico pudiente. Se trata de mujeres que saben a dónde deben recurrir cuando necesitan acceder a este tipo de prácticas médicas. Las mujeres humildes acceden a prácticas invasivas, cruentas, fuera de un ambiente quirúrgico adecuado con la consecuente morbi-mortalidad”.

Por último, no deja de mencionar la necesidad de que “el Estado, asuma –como ya lo está haciendo con el tema de Salud Reproductiva– el compromiso de desarrollar tareas preventivas, a través de fomentar la educación sexual y el acceso a la salud como un bien social” para, de este modo, “evitar que el aborto sea asumido como un método anticonceptivo”. 

Debate abieto
Es madre de tres hijos, con muchos años como trabajadora social en sectores de escasos recursos de la Zona Norte y de la Capital. Algunos de los centros de salud municipal donde presta servicio, la Iglesia tiene su colaboración. Por lo tanto y ante el temor de perder su trabajo pidió la reserva del caso.

“Se abrió el debate sobre el aborto, y es necesario que nos preparemos todos para afrontar una realidad que se impone más allá de nuestros deseos. Porque nadie está a favor del aborto, que es una práctica siempre angustiante, pero hay que reconocer lo que está ocurriendo: se estima que se realizan 1.000 abortos voluntarios por día en Argentina, y una mujer muere diariamente en nuestro país a causa de un aborto realizado en condiciones que no garantizan la bioseguridad en la intervención”, detalla la trabajadora social Adriana M. 

Adriana asegura que “el aborto aséptico realizado por profesionales médicos privados excluye a la mayoría de la población, que arriesga su salud con prácticas caseras o con curanderos en condiciones precarias de higiene. Estas mujeres, además del dolor psíquico, deben afrontar secuelas físicas (hemorragias, infertilidad, infecciones) y hasta la muerte ya que concurren tardíamente a los servicios públicos de salud por miedo a ser maltratadas y hasta denunciadas”.  Con esta realidad a cuestas, y por lo que ve a diario, la profesional se inclina por la necesidad de que la ley debe ser revisada en beneficio de los más desprotegidos.

“Un tema tan doloroso y sensible como el aborto -explica la diputada Lita Artola (PJ)- no es para tratarlo a la ligera, pero creo que ha llegado el momento de opinar ya que se ha producido el caso Tejerina, que quizás sea a partir de ahora paradigma para el futuro”.

Para la diputada, y vecina de Munro, no se debería rotular de “abortista” a quien opina que un embarazo impuesto por violación es una tortura, y que la víctima de tal acción puede disponer de la interrupción de dicho embarazo.
Sobre el aborto en general, Artola dice “que es una cuestión de conciencia, y que debemos contemplar la voluntad de cada persona respecto a llevar adelante tamaña empresa que es dar vida a un nuevo ser, contrayendo el compromiso de criarlo, protegerlo, educarlo y proveerle los elementos necesarios para sobrevivir dignamente en un mundo difícil, hostil y poco comprometido con sus habitantes”.

La legisladora estima conveniente que los organismos estatales de salud y educación tiendan a proteger a la madre y a su hijo, “arbitrando los medios para que la maternidad no sea una catástrofe sino un hecho de bienestar y seguridad a quien lo deba protagonizar”. Si esto no se produce, “las “víctimas” tratarán de evitar que el embarazo continúe, por una lógica de supervivencia”.
También se inclina por una educación sexual amplia y sin restricciones, comenzando desde los más chicos.

“Nunca la información adecuada sobre las funciones reproductivas humanas es perniciosa, en todos los casos es beneficiosa, no podemos pensar que la despenalización del aborto traerá más abortos”, concluye la diputada nacional Isabel “Lita” Artola.

Nación

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