[Edición #543 | 17.04.2007]
Vicente López | La administración García permite el funcionamiento de pubs en zona hasta ayer tranquilas
Olivos: alcohol, droga y sexo, ahora, con control oficial

“La situación no da para más”, argumentan vecinos y comerciantes de Olivos a la hora de explicar su malestar ante lo que denominan un “verdadero descontrol, una locura”. El descontrol, la locura -tal cual denunciaran los vecinos en nuestra edición Nº 541-, proviene de la ingesta desmedida de alcohol, la música a todo volumen y la infaltable droga que cubren la noche de Olivos. Una cobertura que se completa con la “venta de sexo” en locales cerrados. De acuerdo con los datos y escritos presentados por los vecinos, la cuestión no es novedosa. Muy por el contrario, data de varios años. La gravedad y conflictividad ya fue expuesta ante las autoridades municipales en el 2005. En marzo de aquel año, decenas de firmas le exigían al intendente Enrique García que atendiera sus reclamos. El escrito no hacía más que reflejar lo insoportable que se hacía vivir entre medio de tanto descontrol y locura juvenil. En las mismas líneas se le solicitaba al jefe comunal, que “ponga fin a este tipo de situaciones no deseadas por ningún vecino”. Bajo la misma impronta, el Foro de Seguridad de La Lucila, con más de 150 firmas, también salía al cruce de las peticiones. Ambos escritos, tal cual detallan los vecinos, nunca fueron contestados. “La respuesta fue habilitar más pubs”, manifiesta Angel Cabarcos. El descontrol, cabe recordar, viene de la mano de los boliches y confiterías instalados a lo largo y ancho de toda la Avda. Maipú, más precisamente en la zona comprendida entre la calle Paraná y José Ingenieros. Allí, noche tras noche -los fines de semana se potencia-, cientos de jóvenes dan rienda suelta a un frenesí juvenil distante de la buena calidad de vida. Chicos con excesos de alcohol y la infaltable droga en sus venas, parecen deambular de un lado a otro. De boliche en boliche, vaya a saber en busca de qué. Son más de 10 negocios habilitados por la administración García. Bastaría una simple recorrida para auscultar que muchos de los comercios no reúnen las condiciones de seguridad necesarias para este tipo de actividad. Inevitablemente, el recuerdo de la tragedia Kheyvis surge cuando uno observa las instalaciones comerciales. Aquel boliche bailable de Olivos -que de acuerdo con diversos testimonios, estaba mal habilitado- , producto del desenfreno juvenil y la falta de sistemas de seguridad, produjo la muerte de 17 chicos. Y todo indica que de aquella triste experiencia poco y nada han rescatado las autoridades municipales. No es complicado observar que los sistemas de seguridad están distantes de las normas preestablecidas. Las puertas de ingreso y de emergencia son las mismas, lo que significa que ante una situación extrema hay una única salida. Muchos de estos negocios no tienen patios o salidas de escape. La gran mayoría -tal cual pudo detectar Lo Nuestro en una recorrida-, están decorados con sillones y sillas de cuerinas y goma espuma. Sustancias altamente inflamables y tóxicas, similares a las halladas en Kheyvis y Cromañon, son parte del decorado comercial. Alcohol a granel Por otra parte, es frecuente ver a jóvenes alcoholizados conduciendo sus vehículos a la salida de los negocios. “Recién a partir de la nota que Uds. publicaron, la municipalidad se puso a controlar un poco más a los automovilistas”, comentaba Elena, vecina de Maipú y Bermúdez. A partir de esta situación, el municipio redobló el control de alcoholemia. A tal extremo que, en un domingo a la madrugada, tal cual pudimos constatar, se labraron más de 22 infracciones por exceso de alcohol. Desafortunadamente, Vicente López registra varios accidentes de tránsito producto del exceso de alcohol y de drogas. El desenfreno y la falta de control sobre los boliches -sean éstos bares o confiterías bailables-, llega a tal extremo que Vicente López carga con la triste estadística de tener decenas de heridos graves y varios muertos. La situación es tan compleja y delicada, que en el Juzgado de Paz de Vicente López, los expedientes por alcoholemia están cubriendo los escritorios. Sin embargo, los vecinos siguen esperando mayor seriedad y firmeza por parte de la administración municipal. “Claro, ellos habilitan el negocio y después nosotros tenemos que lidiar con los quilombos que nos generan”, explicaba un ofuscado Juan Carlos, comerciante y vecino de Maipú y Carlos Gardel. El, al igual que decenas de vecinos vienen firmando distintos escritos en busca de poner coto a esta complicada convivencia. Al respecto, cabe destacar que recientemente aparecieron unas pintadas sobre el frente del local de Maipú y Gardel. En las paredes aún se puede leer: Basta de ruidos molestos. Un evidente síntoma que denota conflictividad, pero sobre todo, describe que allí hay una grieta que podría derivar en situaciones violentas. “Nosotros no tenemos responsabilidad sobre el consumo de drogas y la prostitución, eso es competencia de las autoridades policiales”, aclaraba Raúl Gil Bicella ante una consulta de este medio. No obstante el pase de pelota, la administración García, presionada por la realidad, el reclamo vecinal y la difusión pública que hiciera Lo Nuestro, salió a ejercer un mayor control de alcoholemia. Pero el tema de fondo sigue siendo que cada día se abre un nuevo negocio. La apertura de bares y la venta de sexo siguen en alza. “De poco y nada vale el esfuerzo que puedan realizar los padres, si en la calle incentivan al descontrol”, razona Pablo Román del Grupo Coincidencias de Vicente López. Preocupados por las implicancias del caso, y lo que ellos llaman el “doble discurso del municipio”, los vecinos salieron una vez más a pedirle explicaciones al intendente. Con fecha del 27 de marzo del 2007 volvieron a la carga. “Señor intendente García, nos sentimos secuestrados y torturados a la crueldad delictiva de mantenernos despiertos y atormentados por los ruidos de la música”, detalla el escrito presentado ante el municipio. Y agrega: “esperamos que García le ponga definitivamente fin a esta situación no deseada por los vecinos y que los compromete, a pesar de las amenazas y mensajes mafiosos, ya que está en peligro la salud de los vecinos”. El panorama no es alentador, máxime si la administración García insiste -como se puede observar- en habilitar más negocios, en zonas hasta ayer tranquilas y residenciales. “La diferencia desde que salió la nota en Lo Nuestro, es que ahora todo el descontrol tiene custodia oficial”, ironizaba Juan Segovias, a modo de graficar el gatopardismo. Los cambios se palpan a partir de una mayor presencia policial y de inspectores municipales en las calles. Dentro de los negocios, “la transa y la prostitución” (como dice la canción y algunos testimonios), siguen en pie. ¡Eso sí, con habilitación oficial!
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