[Edición #540 | 26.02.2007]
Región Metropolitana Norte |
De qué inseguridad estamos hablando
Mientras algunos sectores de la población (fogoneados de algún modo por Juan Carlos Blumberg) pregonan la denominada “Mano dura”, baja de imputabilidad, o más poder a la policía, la realidad marca que la inseguridad no se mejora por ese lado. Desafortunadamente, esta postura es estimulada desde algunos medios de comunicación. Por lo tanto, difícilmente alguien pueda sustraerse o para ser más preciso, sentirse seguro, si los principales titulares hablan de robos, secuestros y muertes en las calles. Es indudable que el delito “vende”, da rating. Por lo tanto, salvo que corra hielo en sus venas, cualquier mortal se sentirá angustiado ante la violencia que reflejan (no inventan) los medios. No se trata de ocultar el sol con las manos. Más bien, de ser responsables en el tratamiento informativo.
Un reciente informe periodístico, publicado en un matutino capitalino, presentaba una nota de opinión bajo el título “De qué se quejan los argentinos cuando hablan de inseguridad”. El minucioso y detallado informe de prensa era presentado por un periodista español. Con cifras en la mano, el escriba decía que España tiene 2 homicidios por cada 100.000 habitantes; EE.UU 10; México 20; Guatemala, 28; San Pablo, 30; Argentina, 6 y Gran Bretaña 1. La contundencia de los datos habla por si misma. Sin embargo, los pregoneros de la inseguridad insisten en alimentar la hoguera. No se trata de desconocer, minimizar o parcializar una realidad que padecen millones de bonaerenses. La delincuencia está, se la ve y se la palpa a diario. Desfila cómodamente ante los ojos de quienes debieran dar justicia y seguridad. La cuestión pasa por responsablidad en el tratamiento informativo. A la luz de los hechos pareciera que cierto periodismo ve más delitos, secuestros y muertes que otros. Y pareciera que la virulencia delictiva cobra más fuerza en años electorales. No es casualidad que cierta información surja a la luz pública cuando las presiones o las conveniencias de algunos medios de prensa, así lo consideran. En esta saga también ingresan algunos dirigentes políticos y sociales.
Un informe producido por la consultora Giaccobe y Asociados da cuenta de que “hubo más muertes por suicidios que por armas de fuego”. Indices de suicidios que se dan, mayormente, entre la población joven. Este dato es grave, y sin embargo no se hace público. Y algo parecido sucede con la educación: el 43% de los estudiantes secundarios de la provincia, no termina sus estudios. Por lo tanto, quienes debieran asumir las responsabilidades parecieran desconocer estos datos. Y el principal responsable, que es el Estado, en todas su dimensiones (nacional, provincial o municipal) pareciera estar desorientado atendiendo otro juego. De este modo, la seguridad comunitaria, no está cubriendo más punzantemente la agenda oficial. Porque difícilmente se tenga seguridad, si las instituciones públicas que debieran en primer lugar garantizar transparencia y honestidad, ponen el acento en otros puntos.
Muestra de esta controversia es lo que ha sucedido el año pasado, en los pagos del imputado intendente Enrique García. En Vicente López -municipio rico si los hay- diversas escuelas públicas, durante varias semanas no pudieron dar clases por no tener gas. El problema se hubiera solucionado con apenas $600. 000. !Pero no!, la administración García prefirió patear la responsabilidad para el lado de la provincia. Evidentemente, la actitud política del jefe comunal no hizo más que alimentar la inseguridad en la comunidad. Y así sucede con otros tantos temas. Tal vez no tan violentos o lacerantes como las que produce el delito. Vicente López es sólo un ejemplo. En aquella nota del periodista español se deslizaba una clara realidad: la inseguridad pasa por otro carril. Hay otras cuestiones más urgentes que no se atienden, ni concitan la atención de aquellos medios que se regodean con la muerte de un jubilado que fue asaltado. Esto mide, da rating. Empero, que los jóvenes se suiciden o dejan sus estudios, o que las escuelas estén cerradas por no tener gas, o un funcionario se haya robado dinero público, no despierta el interés.
Una comunidad segura y organizada se construye, en primer lugar, sin dobles discursos ni hipocresía. Con pleno empleo, con chicos disfrutando en las escuelas, con jóvenes contenidos, sin excluidos y facilitando la movilidad social de los más postergados. Y sobre todo, con instituciones serias. Priorizando la vocación política y sobre la electoral. No es imposible: decenas de países lo han logrado. Se puede lograr, y qué mejor que hacerlo por casa, por el municipio. Sólo es cuestión de empezar, de tener vocación, capacidad y sobre todo, escuchar a la comunidad.
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