[Edición #542 | 30.03.2007]
Región Metropolitana Norte | La prensa regional, reservorio de la libertad de prensa
Las pauta que los parió...
Ultimamente estamos asistiendo a una serie de gestos y actitudes políticas y periodísticas que ponen en el centro de la escena a la mentada libertad de prensa, cuando no, a la censura. Un debate cerrado, del cual la población ausculta sin mucho interés. Pareciera un verdadero juego de sordos, en el que cada sector intenta sacar ventaja, imponiendo condiciones. Y en el medio, la población que no termina de digerir y comprender lo que sucede. La puja es muy grande y los intereses comerciales más aún. Difícilmente se pueda hablar de libertad de prensa, si la población es la convidada de piedra. Por eso resulta incongruente hablar de la libertad de prensa, argumentando que la pauta publicitaria condiciona la labor periódistica. La responsabilidad profesional debe centrarse en la búsqueda de la verdad, sobrepasando la barrera que intenta poner el mercado o cualquier autoritarismo oficial de turno.
Que los gobiernos siempre han intentado condicionar a la prensa, no es ninguna novedad. Bastaría recorrer nuestra historia - o la de otros paises llamados del pimer mundo- para corroborar esta lamentable premisa. Desde la misma fundación del Telégrafo Mercantíl (1801), pasando por La Gaceta de Buenos Aires, El Nacional, Los Debates, El Porteño o bien el Federal, el periodismo se comprometió y se jugó, por lo que cada uno de ellos consideraban causas nobles. Y no es menos cierto que muchos de los medios informativos, actuaban -y actúan- como voceros de sectores políticos o corporativos. Y no está mal que lo hagan, en tanto y en cuanto, se sinceren ante sus lectores. Seguramente M. Moreno, Manuel Belgrando, R. Walsh o A. Conti, todos víctimas de la intolerancia y soberbia, no especularon a la hora de jugarse por la búsqueda de la verdad. Salieron a la palestra (cada uno a su modo), con la honestidad profesional que la situación ameritaba. Ellos marcaron que la búsqueda de la verdad es un camino sin retorno. Se jugaron con sus convicciones. Nadie les abrió la puerta cuando la verdad estaba en su narices. Simplemente la empujaron, sin especulación.
Hoy muchos siguen su ejemplo, otros, reiteramos, bajo la excusa de la libertad de prensa y de expresión, intentan hacernos creer que ésta está determinada por una pauta publicitaria oficial. Pero no hablan de la que otorga -y condiciona- el sector privado. ¡Qué extraño!. Nuestra lucha –y la de la comunidad en su conjunto- deberá seguir transitando los andariveles del libre acceso a la información. E insistir, sin hipocresía y dobles discursos, por una Ley nacional de libre acceso a la información. No es ninguna novedad que la gran mayoría de los denominados medios nacionales, priorizan la facturación sobre otros valores. Porque en definitiva, sus medios de prensa no son más que la pantalla que les permite avanzar en otros negocios. Si la verdad o la libertad de prensa se interponen a sus negocios, lo más seguro es que estas cuestiones, queden en el archivo. Discutir libertad de prensa con las tarifas en la mano, es un verdadero desaguisado, un despropósito profesional. Y sobre todo, una falta de respeto a los lectores.
De ahí la importancia de los medios regionales de prensa: verdaderos reservorios de la libertad de prensa y de la libre expresión. No sólo la comunidad se siente representada por su medio, sino que en él encuentra un óptimo canal de expresión. Cuestión que los grandes medios capitalinos, soslayan por completo cuando se trata de abordar problemáticas regionales. Para ellos la prioridad pasa por la pauta: así actúan y los planteos frente a los estamentos oficiales pasan (pretexto de censura mediante), por el centrimetraje. La prensa regional está distante de los grandes centros de presión y cuando discute de libertad de prensa, lo hace desde la legitimidad que le da -día a día-, su comunidad. La gran presión que recibe es la de sus vecinos. Ellos no son un mero número comercial, son los verdaderos custodios de la libertad de prensa. No dudan en golpear la puerta de la redacción y reclamar por su derecho: que la verdad sea democratizada. Una saga en que el periodismo regional, juega un rol prioritario.•
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