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Recuadros
[Edición #541 | 12.03.2007]
Vicente López |

Alcohol, musica, drogas y sexo mandan en la noche de Olivos.


Son varios negocios para jóvenes que dan rienda suelta al desenfreno. En su gran mayoría son comercios que están sobre la Avda. Maipú, entre Paraná y José Ingenieros. Vecinos y comerciantes reclaman mayor control, seriedad y presencia municipal.

Hasta hace poco era un lugar tradicional de comercios, casas y departamentos. Un típico barrio en donde la tranquilidad se amalgamaba con la realidad comercial, sin que esto implicara conflictos entre vecinos. Sin embargo, esa convivencia razonable y pacífica, desde hace más de un año a esta parte fue interrumpida por “la locura”, tal cual grafican los vecinos. La música a todo volumen que sale de los autos, mesas en las veredas, mucho alcohol, sexo y la infaltable droga tiñen la noche de Olivos. Todo esto transcurre ante la mirada impávida (cuando no cómplice) de los uniformados y de una administración municipal que pareciera no atender los reclamos vecinales.
“La locura” viene motorizada de la mano de boliches (bares) destinados a jóvenes, que salen en busca de una noche de diversión.

Esta suerte de “descorche nocturno” cubre la Avenida Maipú, más precisamente la zona delimitada entre las calles Paraná -límite con San Isidro- hasta la calle José Ingenieros. Y todo indica que del otro lado, Martínez, “la locura” ha comenzado a tender sus primeros tentáculos.
Vecinos y comerciantes aseguran que la Zona de Olivos se convierte en un verdadero pandemonium, una vez que la noche alcanza su pico máximo. El desenfreno y descontrol no reconocen límites. Jóvenes de ambos sexos, muchos con rostros aniñados, van deambulando por la zona. Es muy frecuente que estos chicos -que ya vienen con varias copas de más- vayan de un negocio a otro. Como quien busca la diversión total, van ingiriendo litros y litros de alcohol en cada parada (bares). Los más entusiastas utilizan a estos verdaderos puntos de encuentros, como lugar de partida para terminar anclando en un boliche bailable. Otros quedan degustando bebidas hasta altas horas de la madrugada, y generalmente vagando de un lado a otro.
Son poco más de 10 negocios habilitados por la municipalidad de Vicente López, tal cual se puede constatar en los distintos certificados que se exhiben al público. No obstante, es imposible sustraerse u omitir la tragedia de Son varios negocios para jóvenes que dan rienda suelta al desenfreno. En su gran mayoría son comercios que están sobre la Avda. Maipú, entre Paraná y José Ingenieros. Vecinos y comerciantes reclaman mayor control, seriedad y presencia municipal.


Hasta hace poco era un lugar tradicional de comercios, casas y departamentos. Un típico barrio en donde la tranquilidad se amalgamaba con la realidad comercial, sin que esto implicara conflictos entre vecinos. Sin embargo, esa convivencia razonable y pacífica, desde hace más de un año a esta parte fue interrumpida por “la locura”, tal cual grafican los vecinos. La música a todo volumen que sale de los autos, mesas en las veredas, mucho alcohol, sexo y la infaltable droga tiñen la noche de Olivos. Todo esto transcurre ante la mirada impávida (cuando no cómplice) de los uniformados y de una administración municipal que pareciera no atender los reclamos vecinales.
“La locura” viene motorizada de la mano de boliches (bares) destinados a jóvenes, que salen en busca de una noche de diversión.

Esta suerte de “descorche nocturno” cubre la Avenida Maipú, más precisamente la zona delimitada entre las calles Paraná -límite con San Isidro- hasta la calle José Ingenieros. Y todo indica que del otro lado, Martínez, “la locura” ha comenzado a tender sus primeros tentáculos.
Vecinos y comerciantes aseguran que la Zona de Olivos se convierte en un verdadero pandemonium, una vez que la noche alcanza su pico máximo. El desenfreno y descontrol no reconocen límites. Jóvenes de ambos sexos, muchos con rostros aniñados, van deambulando por la zona. Es muy frecuente que estos chicos -que ya vienen con varias copas de más- vayan de un negocio a otro. Como quien busca la diversión total, van ingiriendo litros y litros de alcohol en cada parada (bares). Los más entusiastas utilizan a estos verdaderos puntos de encuentros, como lugar de partida para terminar anclando en un boliche bailable. Otros quedan degustando bebidas hasta altas horas de la madrugada, y generalmente vagando de un lado a otro.
Son poco más de 10 negocios habilitados por la municipalidad de Vicente López, tal cual se puede constatar en los distintos certificados que se exhiben al público. No obstante, es imposible sustraerse u omitir la tragedia de Kheyvis. Aquel boliche bailable de Olivos -que de acuerdo con diversos testimonios, estaba mal habilitado-, que producto del desenfreno juvenil y la falta de sistemas de seguridad, produjo la muerte de 17 chicos. Y todo indica que de aquella triste experiencia, poco y nada han rescatado.
Cuando uno logra “cortar el humo” que cubre todos los negocios, detecta que los sistemas de seguridad están distantes de las normas preestablecidas. Las puertas de ingreso y de emergencia son las mismas, lo que significa que ante una emergencia hay una única salida. Muchos de estos negocios no tienen patios de escape. La gran mayoría -tal cual pudo detectar Lo Nuestro en una recorrida- están decorados con sillones y sillas de cuerina y goma espuma, sustancias altamente inflamables y tóxicas, similares a las utilizadas en Kheyvis y Cromañón.
Pero si esto es delicado y preocupante, la molestia que le ocasiona a los vecinos todo lo que gira en torno a estos negocios, no se queda atrás.

“A mi me gustaría que venga el intendente, que él elija el día, y vea si puede convivir con esta locura”, detalla Elena, vecina de Maipú al 3600. Jubilada desde hace años, Elena dice “no me molesta que los chicos se diviertan, pero imagínese Ud., autos sobre la vereda, que van y vienen a toda hora, y encima con chicos y chicas borrachos”. La mirada de Elena se compadece con la de varios comerciantes de la zona. Por cuestiones más que obvias, todos prefieren cierto anonimato. Uno de ellos, Luis, que comienza su labor muy temprano, entre las 5 y 5.30 de la mañana, asegura que “especialmente los fines de semanas esto es un quilombo total”. “Antes eran los hombres los borrachos, ahora es frecuente ver a las pibas arruinadas”, dice con bronca y tristeza Luis, que confiesa tener hijos adolescentes. Por su parte, Daniel, al frente de otro comercio, relataba que “el fin de semana pasado tuve que separar a dos chicas que se peleaban, estaban totalmente borrachas y así todos los fines de semana”. Producto del alcohol, es frecuente ver a chicos orinando en los umbrales de las casas, cuando no salir con sus autos a toda velocidad. Vasos y botellas rotas completan el cuadro de la noche de Olivos, en general. Un panorama similar se da en las inmediaciones de la calle Ugarte y Caseros. Allí, tal cual describiera un vecino sumamente indignado, el quiosco alimenta -venta de bebidas alcohólicas mediante- el descontrol. “Usan mi puerta y la de otros vecinos para orinar -dice Andrea M. -, y cuando les digo algo se ponen violentos, parecen drogados”. De poco y nada sirve llamar al 911, “sólo actúan o vienen si pasa alguna situación extrema”, aclara Andrea.
La falta de planificación urbana y comercial permite en distintos puntos de Vicente López, que sucedan este tipo de situaciones. Seguramente el caso más emblemático es el de la Avda. Libertador.
Juan Carlos, con más de 50 años como vecino de Maipú y Debenedetti y al frente de un tradicional comercio, también muestra su preocupación. “Aquí nadie controla nada -relata el hombre-, yo quisiera saber qué pasa si hicieran un control de alcoholemia”. Desafortunadamente, Vicente López registra varios accidentes de tránsito, producto del exceso de alcohol y de drogas. El desenfreno y la falta de control sobre los boliches -sean éstos bares o confiterías bailables- llega a tal extremo que Vicente López carga con la triste estadística de tener varios heridos graves y un muerto. Generalmente, las agresiones comienzan con la reacción de los patovicas sobre los jóvenes.
Juan Carlos no deja pasar la oportunidad para sembrar la duda: nuestros negocios tienen que tener todo en regla, siempre vienen los inspectores, y a ellos (por los bares) nada.
Nicolás, junto a su amiga Lucía, él de Capital y ella de La Lucila, suelen frecuentar la zona. Aseguran que en más de una oportunidad han visto cómo “la policía entra a los boliches (por caso Bermúdez y Maipú) a pedir documentos”. “Lo bueno -dicen, no sin ironía-, es que salen enseguida, con algunas botellas de cerveza en la mano; está todo bien”. Cuando se les pregunta por el consumo de drogas, los jóvenes ríen y no dicen nada más. El olor a marihuana que acompaña a parte de esta juventud, de algún modo ratifica lo sugerido por los chicos. El todo vale y nadie controla pareciera regir el destino de la noche. Así se desprende de cada uno de los comentarios de los consultados.
En medio de esta realidad, imparte la eucaristía la Parroquia Nuestra Señora de la Paz. La tradicional iglesia de Olivos “comparte cartel” con los boliches y un par de casas de masajes: léase sitios de placer pagos, donde reina el sexo. De este modo, la diversión, el placer, la droga y el sexo iluminan la noche de Olivos. Pero si alguien carga con culpa o bronca, a llorar a la iglesia. Porque quien debiera prestarle atención, atiende otro juego. Paradójicamente, la administración García, para mostrarse al mundo utiliza la frase “Vicente López, Ciudad para Vivir”. Por lo visto, muchos se la viven a costa de otros.
Consultado Raúl Bouganem (padre de Kheyvis) sobre el tema, dice no conocer de manera puntual lo que sucede en los pubs de Olivos y La Lucila. “Pero sí se que en el año 95 aproximadamente, los padres de Kheyvis presentamos una ordenanza que fue aprobada casi en su totalidad”, recuerda Bouganem. La legislación hacía mucho hincapié en la necesidad de extremar las normas de seguridad sobre este tipo de negocios. Sin embargo, y como si aquellas muertes no hubiesen marcado a la administración García, y de acuerdo con lo expresado por Bouganem, la realidad sigue diciendo que los controles municipales son muy laxos. •

Vicente López
Fecha: 02/10/2008
Nombre: Rodrigo
Email: rgp666@hotmail.com
Comentario: No se lo que pasa o no. No se lo que hace la policía o no. Pero definitivamente los controles no son laxos. Para que se den una idea, tarde 1 año en habilitar mi local, y las medidas de seguridad son completas: matafuegos, luces de emergencia, antradas y puertas de 90 y para afuera, rampas, baños para discapacitados, antideslizantes, blindex, etc... No hay que olvidar que Maipu es una zona comercial. Los que son molestados por el ruido, deberian vivir en una zona residencial.

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Mirada social
Rebeldía juvenil e impunidad

“La ley es la astucia de los poderosos para controlar y explotar segmentos sociales enteros, la transgresión es resistencia civil, rebeldía ante la opresión”, detalla la profesora universitaria Diana Maffia . Y agrega: ¿Se les permite a los jóvenes sentir que las leyes, la policía, los funcionarios y los políticos están velando por sus derechos, tomando en cuenta sus intereses, garantizando el futuro?. Para fundar una sociedad hace falta, en primer lugar, delimitar quiénes serán considerados ciudadanos. Es un pacto moral previo al contrato, que dice quiénes cuentan en la convivencia. Si ese pacto moral no es inclusivo, la república es una mentira”.
A la luz de los acontecimientos, es evidente que la gran mayoría no se siente incluida en esa visión de república que describe la académica. Muchos actúan despectivamente, violando aquellos esquemas que se les trata de imponer. Jóvenes y no tanto vislumbran que siempre hay un resquicio por donde birlar las normas. Desde actitudes simples, como evitar ponerse el cinturón de seguridad, circular a toda velocidad por las calles, no hacer colas, o las más complejas, evadir impuestos, lavar dinero, o armar negocios fuera de las exigencias vigentes, abonan esa “cultura de la impunidad” y del “todo se puede con dinero”. Vicente López no parece ser la excepción