[Edición #539 | 14.02.2007]
San Isidro | Fue dañado por un fuerte herbicida usado por TBA
El Ombú de la esperanza que no se resigna a la muerte tuvo que ser talado
El retoño del histórico “Ombú de la Esperanza” –así denominado nada menos que por los generales José de San Martín, Juan Martín de Pueyrredón y Tomás Guido- que se encuentra ubicado en la plaza Hipólito Irigoyen de San Isidro, a escasos metros del paso bajo nivel de la calle Roque Sáenz Peña, debió ser drásticamente podado, cuasi talado. La “dramática medida” fue tomada por la administración municipal de San Isidro, a modo de salvar a la centenaria especie. “La idea es que tomen mayor fuerza los brotes que surgen a su pie, luego del daño producido por un herbicida”, detallan desde el municipio. Habrá que recordar que la crisis del “Ombú de la Esperanza” comienza después de que la empresa TBA utilizara un fuerte herbicida para desmalezar la zona de vías, lindante a la estación de San Isidro y a escasos metros del retoño.
El añoso ejemplar, que entre otras consecuencias sufrió la caída de su follaje y sus ramas, debió ser raleado con anterioridad a esta poda para reducir su volumen, y que dejó en evidencia que su ancho tronco se encuentra absolutamente seco. Demás está decir la pérdida que representaría para el patrimonio histórico y cultural, tanto nacional como local del retoño del “Ombú de la esperanza”.
El retoño que se trata de salvar ahora, tiene una historia muy particular. Una placa lo recuerda al pie de su ubicación. Cuando ésta se descubrió, en el 2005, en un acto encabezado por el intendente Gustavo Posse, la Asociación Hijos y Amigos de San Isidro y la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de San Isidro, dieron a conocer una atractiva historia que rodea al mítico árbol
Historia para agendar
De acuerdo con lo aportado por la Asociación Hijos y Amigos de San Isidro y la Sociedad Cosmopolita, la historia del Ombú se puede resumir en los siguientes datos.
Para poder comprender bien esta historia debemos instalarnos en el San Isidro de 1816, que fue el año de nuestra independencia. Decía el historiador Mariano Pelliza en su libro “Glorias Argentinas”, publicado en el año 1898, al respecto: “Secretos son éstos, que no revela la historia; yo me he sentado muchas veces en el poyo de ladrillos pegado al muro que, bajo el alero de la antigua casa de Marzano, existía en la Calle Real de San Isidro y allí, en un banco rústico y feo se habían sentado el General José de San Martín y el después General Don Tomás Guido”. “Rómulo Avendaño, primer historiador de nuestro lugar, dice en su libro “Apuntes Históricos sobre el Partido de San Isidro”, publicado en 1869: “En la última casa de la Calle Real se reunían en los días festivos de 1816, el General San Martín, los Generales Guido y Soler y el poeta de Luca, en una palabra, los hombres más importantes de la revolución.Adrián Beccar Varela, historiador local y ex intendente, luego de confirmar lo expuesto, agrega: “Quizá los historiadores no han querido entrar en pequeños detalles, sobre donde se iniciaron o se discutieron los primeros propósitos de San Martín sobre el paso de Los Andes, por considerar que ello no tenía mayor importancia; por nuestra parte hemos querido hacerlo refiriendo la tradición que ha llegado hasta nosotros sobre el particular. Los que han conocido a los hombres que actuaron en esa época, han repetido fielmente esas narraciones que tiene su interés histórico de mayor mérito para el pueblo de San Isidro, que resulta ser la cuna de esos grandes acontecimientos”. Volvía a puntualizar Pelliza en su manifestación, que San Martín y Guido después del almuerzo, campechanamente, con un costillar enclavado en el piso de ladrillos de aquella casa, se dirigían a la mansión del recientemente designado Director Supremo, Don Juan Martín de Pueyrredón, unas veces por el camino Real y otras por el sendero al pie de la barranca, siendo recibidos en dicho lugar, de la mejor forma. Allí los patriotas aceptaban solamente tomar un café que el propio Director Supremo hacía traer a lomo de mula desde los valles del Perú. Luego de una sencilla charla, Guido tomaba un libro de la estantería, Pueyrredón en su escopeta morisca y San Martín una cartera con papeles y pinturas, siendo seguidos por un negrillo que llevaba los útiles de caza de su amo. Se encaminaban entonces por la calle de los nogales, llegando así al gigantesco Ombú de la Esperanza que se levantaba en las proximidades del Camino Real, dentro de la propia chacra de Pueyrredón; y mientras Guido leía y Pueyrredón cazaba al vuelo, se comentaba la viñeta coloreada por San Martín.
Ellos fueron los que les dieron al Ombú ese nombre, porque sentados en sus enormes troncos, juraron consumar la Obra de la Independencia. Así, mientras Guido se ilustraba para luego rendir eminentes servicios a la patria, Pueyrredón lucía ya sobre su brazo, el escudo de la Reconquista y San Martín llevaría sobre sus sienes, la corona de Los Andes. Muchos años después, una familia de labradores habitó en las cercanías del ombú, pereciendo todos ellos a raíz del cólera que azotó a Buenos Aires. Este hecho consta hacia el año 1867. Luego un grupo familiar de italianos dedicados a la agricultura, se asentó allí y utilizaba al ombú para proteger sus elementos de labranza. Al comenzar la década de los años 1940, el Ombú estaba enfermo; el ingeniero agrónomo Julio Tiscornia, quien vivía en las proximidades del lugar, le prodigó sus cuidados y trató de salvar esta reliquia hasta que durante una tormenta, un rayo lo partió y le quitó la vida. La municipalidad plantó en la rotonda mencionada otro ombú y los añosos troncos del Ombú de la Esperanza fueron arrojados como restos de poda, en un bajío existente en la esquina de Roque Sáenz Peña y Juan Marín, lugar donde ahora estamos, plaza Hipólito Irigoyen, y que en aquellos años era el sitio donde acampaban los circos que llegaban con sus bártulos.
En este lugar ante el asombro del vecindario, el retoño del ombú (único del que se tenga conocimiento) cobró vida al crecer solo, sin ningún cuidado, solamente con la ayuda de Dios, pues ni siquiera había sido plantado y ahí se conserva perenne como la hierba, como el amor. Pocos meses antes de finalizar el siglo XX, a solicitud de algunos vecinos, el Melchor Ángel Posse, después de interiorizarse del tema, promulga el decreto Nº 946 por el que se resuelve: Declararlo de interés Municipal “Debiendo encararse las tareas de atención y cuidado, requiriéndose la colocación de una placa o referencia histórica en el mencionado lugar”. El 21 de octubre de 2005 la Asociación Hijos y Amigos de San Isidro, acompañada por la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, contando con el gran apoyo de la municipalidad , incluyendo su Concejo Deliberante, han decidido dar cumplimiento al mandato del año 1999, que no es otra cosa que la de honrar los acontecimientos de nuestro glorioso pasado sanisidrense».
San Isidro
| Fecha: |
22/08/2008 |
| Nombre:
| ombu |
| Email: |
ombu . com |
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| Fecha: |
22/08/2008 |
| Nombre:
| ombu |
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ombu . com |
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quiero buscar la imformasion del ombu |
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