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Recuadros
[Edición # | 02.04.2005]
Nación | A 23 años de la guerra

Malvinas: del dolor al olvido

Fue tal vez una de las decisiones más irresponsables tomada por la dictadura militar. Dejó un saldo negativo que aún hoy persiste. Murieron 650 chicos y 270 se suicidaron después de la guerra. Los padres de las víctimas también dejaron su desgracia escrita. Los ex combatientes reclaman respeto y un justo reconocimiento.

Tal vez el irresponsable desembarco en Malvinas, fechado en el calendario y en la memoria colectiva el 2 de abril de 1982, haya sido uno de los últimos capítulos del horror escrito por la dictadura militar instaurada el 24 de marzo del 76. Una dictadura que a punta de pistola, torturó, mató y sometió al país en los años más oscuros de la historia.

En definitiva, Malvinas no es más ni menos que el correlato final de una larga saga de irresponsabilidades y crímenes cometidos por militares y civiles embriagados de poder. Hoy sería muy sencillo e injusto apelar a calificativos y adjetivos para describir aquella situación vivida en la Argentina. Pasaron 23 años y aún hoy no se termina de digerir. Cuesta recordar, honrar y respetar. Y mucho más a los vivos. No es una cuestión de reparación económica. Los ex combatientes, como todo mortal, necesitan del respeto y del justo reconocimiento público.

Los dolores de la batalla aún perduran. No sólo porque aún está pendiente la recuperación definitiva del archipiélago a la soberanía argentina, sino también porque los ex combatientes han tenido que continuar dando batalla. Son mirados en las calles con gran indiferencia, cuando no, con cierto desdén. Y lo más grave, el poder político que debiera haberlo respetado y “mimado” como corresponde, parece haberlos olvidado. Si no es frecuente ver calles y plazas que recuerden a sus soldados, más difícil (o imposible) es ver una placa que destaque el valor de aquellos chicos que aún están padeciendo el olvido. ¿Qué le sucede a la población y a las autoridades, que les cuesta tanto recordar y honrar a sus héroes vivos? ¿Por qué no hay en cada municipio o en plazas, por ejemplo, un listado a la vista de todo vecino que recuerde a los chicos? ¿Es un mero olvido, o el producto de borrar algunas culpas no asumidas? Y lo mismo pasa con el golpe del 24 de marzo del 76.

Cifras del olvido

Hay un olvido sobre los sobrevivientes que se palpa en datos muy duros, sobre los más de 10 mil sobrevivientes de la guerra. Quienes fueron al frente aún siguen reclamando ayuda y reconocimiento.

Las distintas organizaciones donde se han nucleado los ex combatientes, coinciden en sostener que “la base de sus reclamos tiene por objetivo lograr la normalización de la obra social, una pensión nacional digna, un resarcimiento histórico, y poner claridad sobre los empadronados que reciben subsidios”.

En la guerra por Malvinas murieron 649 soldados argentinos, 323 de ellos cayeron en el hundimiento del crucero General Belgrano. Los ex combatientes aseguran que a esta cifra hay que agregarle 270 más, que es la cantidad aproximada de ex-soldados que se han suicidado desde 1982 hasta nuestros días. Cada vez que un veterano se quita la vida, se sospecha del síndrome de stress postraumático. Sólo en Buenos Aires, unos 1500 combatientes de Malvinas lo padecían, según datos oficiales de 1996. Se trata de una patología que sólo en la década del 80 fue incluida en los manuales de psiquiatría.

Por su parte, la asociación de veteranos ingleses de Malvinas denunció que ya lleva registrado 264 suicidios desde 1982. La realidad golpea y no tiene fronteras.
La falta de reconocimiento tras la derrota en las Malvinas, hizo que numerosos ex combatientes guardasen bien adentro sus temores y frustraciones. Hace poco tiempo, Eduardo Paz, con 38 años y con seis hijos, aquejado por una profunda depresión y la falta de empleo, se mató arrojándose desde el monumento nacional a la bandera en Rosario. Otelo Famulari, otro ex conscripto que entró en combate, estaba bajo tratamiento psiquiátrico cuando se suicidó en abril de 1995. Éstos son tan sólo dos de muchos casos similares. Sólo los soldados que regresaron a un entorno contenedor pudieron exteriorizar sus penas y canalizar las duras experiencias de la guerra.

Los males de la guerra se extendieron también a los familiares de quienes participaron del conflicto. El conscripto chaqueño Alfredo Avalos, pasó de los 40 grados de temperatura de su provincia al frío torturador de Malvinas. Sin ropa adecuada sufrió falta de circulación sanguínea en las extremidades y estuvo a punto de que le amputaran ambos pies. Pasó una larga temporada bajo atención médica. Finalmente, el adolescente se recuperó y pudo volver a su casa. Pero fue demasiado para su madre que estaba embarazada. Ella murió repentinamente poco después de su llegada. El «mal de la tristeza», lo bautizaron algunos ex combatientes.

Casos como el de Avalos se repitieron. Según la Federación de Ex Combatientes de la República Argentina, un estudio reveló que el 15% de los padres varones de los veteranos murieron en los cinco años posteriores al conflicto. La muerte de los padres de ex combatientes, en especial por problemas cardiovasculares o «el mal de la tristeza», es otro de los negros resabios de la guerra.

La negación a aceptar a los ex combatientes es tan fuerte, que recién en 1990 comenzaron a cobrar pensiones. Fue consecuencia de la sanción de varias leyes. La 22.674 estaba destinada a quienes habían sufrido una inutilización o disminución psicofísica permanente, como consecuencia de su intervención en el conflicto con Gran Bretaña. Fue aquella una ley que también otorgó beneficios a los deudos de personas fallecidas.

Más tarde, la ley 23.598 le otorgó una pensión graciable vitalicia a los veteranos de guerra que sufrieron incapacidades permanentes en el conflicto. Después, la ley 23.848, le otorgó 145 pesos a los ex combatientes. Un monto que se duplicó con la sanción de otra ley, la 24.659, que equiparó el montó con el sueldo de un cabo del Ejército.
Con los beneficios que los ex combatientes lograron, surgió un dato particularmente extraño, que hasta el día de hoy se mantiene. El crecimiento desmedido de ex soldados empadronados. Durante la gestión de Fernando de la Rúa, en 1999 se intentó un reempadronamiento, después de darse a conocer que aproximadamente 22 mil personas estaban cobrando los subsidios.

Fue en 1999 cuando el propio General Martín Balza, antes de retirarse como Jefe del Ejército, hizo notar las irregularidades. Lo hizo en un documento reservado en el que comentaba que ese número de 22 mil combatientes que se benefician con las pensiones, no coincide con quienes estuvieron realmente en la gesta.

Este hecho denuncia en si mismo, la falta de trabajos de investigación, desde la preocupación estatal para poder abordar el tema criteriosamente. Una demostración, también, que la situación de los ex combatientes de Malvinas no ha aparecido en la agenda política de los últimos 20 años….
Los años de lucha le permitieron a los ex combatientes, llegar a nuestros días con algunas conquistas significativas. El presidente Néstor Kirchner realizó, el año pasado, un censo intentando poner orden definitivo en el padrón. En la actualidad, los ex combatientes reciben 924 pesos mensuales, han conseguido becas de estudio y prioridades en puestos de trabajo. Que no siempre se cumplen.

Los ex combatientes siguen reclamando. No sólo pretenden hacer valer sus justos derechos, necesitar el respeto y el “no olvido” de toda una comunidad y dirigencia política, que vaya a saber porqué motivo, prefiere olvidar ciertos hechos de nuestra historia más reciente.
Informe: Claudio Leveroni, Temas Pendiente, Radio Nacional.

Nación

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