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Recuadros
[Edición #491 | 23.12.2004]
Provincia | Aprieta a morosos y arma su propia tropa

Felipe Solá intenta forjar su destino

Todo indica que para Felipe Solá, cobrar impuestos es gobernar. Y a la luz de los hechos, esta suerte de viejo y polémico axioma suena más que razonable. Sin plata en caja, difícilmente o más bien imposible, se torna gobernar y así dar respuesta a las múltiples demandas populares. Hasta donde la naturaleza humana alcanza, las palabras y promesas se terminan cuando los reclamos golpean las puertas de los despachos oficiales.

Buenos Aires concentra una población que ronda los 14 millones de personas, y un conurbano que nuclea a poco más de 9 millones de seres. Millones de bonaerenses (casi un 30%) viven por debajo de la linea de pobreza, otros tantos no poseen red de agua potable ni redes cloacales. Y es esta misma provincia la que concentra uno de los índices más altos de desocupación y de exclusión social. La desnutrición infantil también golpea a los hogares de cientos de miles de bonaerenses. El panorama, por cierto, no es de lo más alentador. Los datos estadísticos que dibujan aquella Buenos Aires que muchos se resisten a ver, indica que las soluciones no son inmediatas ni a corto plazo. Y todo se agrava en la medida en que las cajas del estado provincial no logren recaudar.

La evasión tributaria e impositiva es significativa: ronda los 4.000 millones. Los argumentos para el no pago son conocidos. El más resonante es la situación económica. Sin embargo, la gran evasión viene de la mano de los más pudientes. Justamente de aquellos que suelen cuestionar al Estado, pero a la hora de pagar miran para otro lado.
“Vamos a perseguir a los evasores, los vamos a enjuiciar y les vamos a cobrar los impuestos que son del pueblo. En los países desarrollados estarían presos” lanzó al ruedo el gobernador Solá, al momento de anunciar una serie de medidas para contrarrestar la evasión. Santiago Montoya, Director de Rentas de la provincia, aseguró que si es necesario “irá en busca de las cajas de seguridad” para cobrarles a los evasores. En forma inmediata, la reacción de los sectores del poder se hicieron escuchar. A través de sus tradicionales voceros de prensa, salieron al ruedo a plantear la seguridad jurídica y el “atropello del gobernador”. Hasta llegaron a plantear que había que premiar al que paga en término. Ser honesto, gobernar con seriedad, o pagar como corresponde debiera ser algo natural. ¡Pero no, algunos pretenden ser premiados!.
Todo está bien en la medida en que no le toquen la víscera más sensible: el bolsillo. Poco y nada pareciera importarles la falta de insumos en los hospitales públicos. Sus billeteras parecen más sensibles que el sufrimiento que deben atravesar aquellos que recalan en los hospitales.
Municipios como Tigre y San Isidro, y en menor medida San Fernando, han sido denunciados porque tiene en sus narices lujosos barrios privados que figuran como terrenos baldíos. Montoya comentaba que sólo en la ciudad de Tandil, se construyeron 8 residenciales barrios que registran deudas por una cifra cercana a los 61 millones. San Isidro no se queda atrás: la provincia reclama 76 millones. Negocios como los de Hugo y Horacio Conzi (Las Olas Boulevard) y Kansas figuran como terrenos libres de construcción.
En definitiva, estos datos no son más que indicativos de un patrón de conducta. Donde la evasión pasa a ser parte de la geografía cotidiana de muchos ciudadanos, la población percibe muy claramente que del otro lado del mostrado, hay un Estado incapaz e ineficiente, con poca creatividad y sin capacidad de reacción. Tal vez por eso hoy llame la atención esta actitud que impulsa desde hace un año, el gobernador Solá. “Hay un momento en que las cosas deben comenzar a tomarse en serio”, dijo el primer mandatario provincial ante la reacción de algunos sectores, cuando se comenzó con esta saga de cobrarle a todo el mundo. Los buenos resultados surgieron inmediatamente.

Felipe Solá parece decidido a transitar un nuevo camino. Sabe que sin plata en caja, los conflictos y reclamos sociales los tiene en puerta y a diario. Por lo pronto cuenta con el respaldo del presidente Néstor Kirchner, quien dijo que “Solá hace bien en controlar que paguen los que más tienen”.

Montado sobre esta impronta, de hacer camino al andar, el gobernador salió a armar su propio espacio político.

Convencido de que no basta con una provincia bien administrada, por estas horas intenta morder una porción del poder que detenta el duhaldismo.

Yo quiero mi pedazo

Bajo la consigna “Es hora de despegar”, Felipe Solá acaba de reunir -esto fue el pasado 14- a poco más de 1.800 dirigentes a quien los invitó a “despegar de las viejas estructuras”, en clara referencia al duhaldismo. El encuentro, en el que participaron más de 50 intendentes, entre los que se ubicaron Alberto Balestrini de La Matanza, Raúl Othacehé de Merlo, y Julio Alak de La Plata, mostró prima facie, que hay un sector del peronismo provincial que busca nuevos horizontes.

Mientras que por un lado rescataba la figura de Eduardo Duhalde, por otro, Felipe Solá en su discurso, decía que en el peronismo bonaerense no hay debate, ¿o no es así?, yo no me saco el sayo, soy parte de eso, pero por lo menos lo veo y lo digo. E instaba a su gente a armar un espacio de debate que logre recrear la creatividad y la mística militante, fundamental para cambiar la realidad. Al respecto, el gobernador no dejó de analizar -y de responsabilizarse- de la dura realidad por la que atraviesa la provincia. Por otra parte, recomendó a su gente a convocar y a dialogar a todos los sectores, “menos con los gorilas”

No son pocos los que ven en este espacio, la fina mano del presidente Kirchner. La intención “kirchneristas” de esmerilar al duhaldismo no es ninguna novedad. Pero la poca fuerza y capacidad de convocatoria que tienen sus dirigentes sobre territorio bonaerense torna compleja la disputa de espacio. Los más sensatos que están cercanos al presidente aseguran que es innecesario, por ahora, confrontar con el duhaldismo. “Acompañan la gestión presidencial como si fueran tropa propia” dicen los kirchneristas de la primera hora.

Sin embargo, Solá –para muchos fogoneado y presionado desde Balcarce 50– insiste con recrear un ámbito político distante del actual. Disconforme con los desplantes del aparato duhaldista, Solá va en busca de una nueva renovación peronista en Buenos Aires. Como suele suceder con los ríos que bajan de las montañas luego del deshielo, arrasando mucha maleza y piedras, Solá ha juntado en esta primera cita, a un espectro muy heterogéneo del paisaje peronista. Solía decir el escritor y pensador Arturo Jauretche: en política se construye con lo que se tiene.
La batalla política en territorio bonaerense recién comienza. En frente, Felipe Solá tiene a una legislatura que masivamente se recuesta sobre Eduardo Duhalde.

Prácticamente la mayoría de los intendentes del gran Buenos Aires apuesta a otro juego, y hay un electorado que lo mira de reojo y con reparos. No por casualidad dijo, en su prolijo y encendido discurso del pasado 14, que “quiero tener prestigio cuando me vaya de la provincia, aunque no tenga el poder real”. No son pocos los que especulan en el entorno del gobernador, que con dinero en caja y un correcto armado político, Buenos Aires en el 2007 podría renovar y potenciar su presencia en el espacio nacional. “Lo único que espero es que Felipe no nos deje colgados de la brocha” graficaba un dirigente de la 1º Sección electoral, al finalizar el acto y a modo de recordar otros intentos fallidos del mandatario provincial. Los más osados arriesgaron a decir que “la jugada de Felipe es como la del tero: pega el grito por un lado y pone los huevos en otro”.

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