Director
Miguel Armaleo
HOME
  Contactenos
Nacion Provincia Región Norte San fernando San Isidro Tigre Vicente López
Recuadros
[Edición #558 | 26.11.2007]
Vicente López | 50 años de sacerdocio y 80 de vida

Aníbal Coerezza, un cura que no perdió los buenos hábitos

Es de esos curas que tienen un fuerte compromiso con la realidad. Comenzó su misión regional en el Huerto de los Olivos. Levantó la iglesia y el colegio Nuestra Señora de la Paz y el Ateneo Juventud. Cientos y cientos de jóvenes conocieron el compromiso social y político a partir de su impronta religiosa. Algunos lo pagaron caro, otros con exilios. Con fe inquebrantable, sigue apostando a “servir a mis hermanos”.

La imagen no era la habitual. Más bien parecía una verdadera reunión de amigos, de compañeros, de familiares, de seres queridos, de allegados. De mucha gente que hacía años que no se cruzaba. De gente que una vez más, compartía la misma mesa y tal vez las mismas ilusiones y sueños. Gente que, comulgando con las mismas intenciones (y con algunas diferencias), se unió para celebrar los 50 años de sacerdocio y 80 de vida, del padre Aníbal Martín Coerezza. Nadie faltó a la cita. Aún los que no están. Era inevitable. Él siempre apostó y sigue apostado a la vida de acá y del más allá. Bajo esta impronta construyó un largo camino, que aún hoy en Vicente López da que hablar: el de la solidaridad y el amor al “próximo”, como a él le gusta decir. Como era natural, el ámbito elegido fue la parroquia San Gabriel de Vicente López. Un sitio del cual se hiciera cargo hace poco más de 10 años.Acompañado del obispo Jorge Casaretto y muchos de sus pares de la región, Coerezza celebró sus años en torno a la mesa que tanto placer le dio: la misa. Un espacio en cual, dice, “comencé a vivir y todavía vivo, al servicio de mis hermanos”. La realidad no lo contradice.La misa, celebrada junto al obispo sanisidrense, dio cabida a la lógica festividad y los inevitables recuerdos que depara una larga e interesante historia generada a partir de un cura como Coerezza. “Él tuvo dos grandes dimensiones -detallaba Casaretto frente a una iglesia colmada por más de 600 personas-, la educativa y pedagógica, que se ven claramente en sus obras, y la tendencia de hacer amigos y acercarlos a Dios”. Un 24 de noviembre de 1957, plena revolución libertadora, con uniformados metiendo temor -y asesinando- en los hogares argentinos, “el Padre Aníbal” inicia un camino sin retorno: el de la entrega a las convicciones sintetizadas en la fe cristiana. A los pocos años es destinado a la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos, Ricardo Gutiérrez y Salta, frente a la plaza. Allí conoce a Monseñor Julio Bastos. Venía con todo el impulso juvenil y las férreas ganas de traducir aquellas divinas escrituras a la vida cotidiana. Rápidamente arma el grupo scout. Cientos y cientos de jóvenes encuentran dentro de este ámbito recreativo, un buen espacio de participación social. Corrían los años 60 y tal vez no muchos vislumbraban que esos adolescentes serían en pocos años más los destinatarios de grandes cambios y turbulencias políticas. Aníbal, amante de la lectura y de estudios profundos -es sociólogo y teólogo y gran predicador- seguramente avizoraba lo que venía. No por casualidad, ya alejado del Huerto de los Olivos, pone los primeros “troncos” en lo que hoy se conoce como Parroquia Nuestra Señora de la Paz, Maipú y José Ingenieros, de Olivos. Construida en su totalidad de troncos (de ahí su apodo) y chapas, la iglesia rápidamente crece en número de fieles. Innumerables familias y jóvenes encuentran en el padre Aníbal a un cura desacartonado y desestructurado. “Era como uno, se prendía en todas”, rememoraba con la nostalgia del caso, Johnny Knye, hoy peinando muchas canas. “Con él conocimos la Biblia de otro lado, más humano, más comprensible”, decía un José Armaleo a la salida de la celebración de los 80 años. Y aclaraba: “con él entendimos lo que era el compromiso con los más desposeídos”. Por “La Paz” pasaron cientos y cientos de jóvenes y de familias. Otras se formaron bajo ese manto de fe y convicciones. Aún hoy muchos siguen concurriendo a misa y abrevando de esa pasión.Comenzaban los 70 y “La Paz” era un verdadero semillero de trabajo, pensamiento y compromiso con la realidad. Quedaba claro que Aníbal -como otros de sus pares- no era un cura más. Estaba plenamente comprometido y acompañaba los cambios que el país venía reclamando. Mientras cientos y cientos de jóvenes, en su gran mayoría de clase media, encontraban un lugar para disfrutar en la fe, otros imaginaban un mundo más justo. Cada uno abrazando la cruz de Cristo, desde posturas distintas, pero todos aferrados a la misma señal. Bajo este marco nacía el Ateneo de la Juventud, otro espacio destinado a los chicos. Religión, política, bailes, kermeses, amores, desamores, discusiones, y campamentos transcurrieron en ese Ateneo Juventud. En pleno 70, otra vez Aníbal y en su incansable afán de seguir sirviendo, entusiasma a su gente y pone los primeros ladrillos de la escuela industrial técnica Nuestra Señora de la Paz. Con el esfuerzo de toda la comunidad logra, luego de varios años, armar un colegio de excelencia. Como a muchos, los avatares de los 90 lo sacude y deja al colegio al borde del colapso. Aníbal ya no estaba, había sido trasladado al colegio San Gabriel. Futbolero de alma y con un hermano árbitro internacional, en 1982 se sube al avión de la Selección Argentina rumbo al mundial de España. ¡Claro, no subió solo!. Coherente y fiel a sus convicciones, la imagen de la Virgen de Luján acompañó y recorrió todo el trayecto de la selección. Con la irrupción de los uniformados del 76, Aníbal y muchos de esa comunidad sufrieron en carne propia el desamparo y la persecución. Algunos fueron muertos, otros aún siguen desaparecidos. Y no faltó el exilio. De hecho él lo padeció. Si algo tenía aquella práctica del cura Aníbal, es haber convencido a esa clase media acomodada y no tanto, cargada de individualismo y pragmatismo, y no exenta de exitismo consumista, que hay otro camino: el de Cristo. Un camino que, al igual que sostenía Carlos Mujica, su compañero de ruta, servía entre otras cuestiones para “seguir trabajando para volver a ser un país donde ser niño sea un privilegio, ser trabajador un derecho y ser anciano un bendición”. Banderas que aún hoy algunos se empecinan en arriar. Pero afortunadamente hay muchos Aníbal y muchos más que siguen convencidos de que aferrándose a las convicciones y al camino de Cristo todo es posible. Vaya si lo sabe el cura Aníbal Coerezza que, con sus 80 años y 50 de sacerdocio, aún hoy “insiste” con eso de “servir a mis hermanos”.

Vicente López
Fecha: 28/11/2007
Nombre:
Email:
Comentario:

Fecha: 23/05/2008
Nombre: Jorge Bodean
Email: jesuswarriors_claudio@hotmail.com
Comentario: Fui ex-alumno del Int. Tecnico (en esa epoca), y el Pabre un capo total, mi recuerdo permanente de el. Mi correo electronico es jesuswarriors_claudio@hotmail.com y la verdad me gustaria contactarme con otros ex-alumnos del instituto, si alguien conoce a alguno de la segunda promocion de tecnicos, se los agradezco.

Fecha: 03/04/2008
Nombre: Lily Ludeña
Email: lilimar39@hotmail.com
Comentario: Doy fe de la maravillosa persona que es el Padre Anibal, un hombre intachable y de un corazon lleno de amor y virtudes. Tuve la suerte de conocerlo, de trabajar con él y espero tener la dicha de volverlo a ver algún día. Si pueden hacerle saber, diganle que Lily desde Perú, lo recuerda cada día y que aun llevo colgado en mi cuello la virgen niña que el me regalo cuando hice la primera comunión. Gracias

Fecha: 03/04/2008
Nombre: Lily Ludeña
Email: lilimar39@hotmail.com
Comentario: Doy fe de la maravillosa persona que es el Padre Anibal, un hombre intachable y de un corazon lleno de amor y virtudes. Tuve la suerte de conocerlo, de trabajar con él y espero tener la dicha de volverlo a ver algún día. Si pueden hacerle saber, diganle que Lily desde Perú, lo recuerda cada día y que aun llevo colgado en mi cuello la virgen niña que el me regalo cuando hice la primera comunión. Gracias

Por favor, déjenos su comentario acerca de esta noticia

Nombre
E-MAIL
Comentario
 

VOLVER